Rescate de un fondo documental desconocido

J.S. LOGROÑO.

«».

Una nota publicada en 1902 en el periódico LA RIOJA anunciaba el esperado lanzamiento de una segunda serie de tarjetas postales con imágenes fotográficas de Nájera, su comarca y algunos de sus tesoros patrimoniales: el monasterio de Valvanera, el claustro de los Caballeros de Santa María la Real, los sepulcros de los siete infantes de Lara en San Millán de Suso, el palacio iglesia de Canillas, el solar de Mahave...

Es una de las muchas muestras aportadas por Antonio Comi de la afición existente en la época hacia la tarjeta postal. En su libro, este enólogo de profesión, gran aficionado a la fotografía y coleccionista de todo tipo de imágenes antiguas de nuestra comunidad, contextualiza el tema históricamente y lo desarrolla pormenorizadamente en el ámbito local.

Como en le resto de Europa, las tarjetas postales eran muy populares también en La Rioja hace un siglo. «El coleccionismo fue explosivo y multitudinario -afirma. Por una parte, la nueva clase media que surge a finales del XIX empieza a ir de vacaciones a otras ciudades; nace el turismo. La tarjeta postal enviada a conocidos y amigos permite obsequiarles con un original recuerdo y, por otra parte, deja constancia de que están en tal o cual ciudad, con el consiguiente prestigio que eso les otorgaba. A su vez, estos turistas traían a su regreso una nutrida colección de postales de los lugares visitados».

Como no podía ser menos, los fotógrafos y editores riojanos hicieron lo propio tomando esta tierra como tema para sus tarjetas. Antonio Comi los devuelve ahora a la luz. Como señala Ignacio Gil-Díaz Usandizaga en el prólogo: «La aportación de este libro es fundamental. Rescata un conjunto visual de fechas ya bastante lejanas que en su mayor parte desconocíamos». Y gracias a él, como una postal perdida en el tiempo, nos llegan noticias de aquella Rioja en blanco y negro.

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