REOS

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JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Cambia, todo cambia -cantaba Mercedes Sosa-. Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. A Claudia Victoria Poblete Hlaczik le cambiaron la vida al poco de nacer y luego tuvo que ser ella quien cambiara de vuelta para poder recuperarse a sí misma. Primero fue un bebé robado y ahora es una mujer en permanente búsqueda; una madre luchando por el futuro desde una memoria irrenunciable. Su caso hizo resquebrajar las leyes de impunidad aprobadas en Argentina para no juzgar los crímenes de la dictadura de los militares. Y ahora Claudia quiebra también nuestro conformismo contando su historia en el teatro, contando una parte de la historia de Argentina. Y la de tantos. Porque es cierto, la historia cambió la vida de Claudia, pero ella logró cambiar la historia de muchos. Lo que cambió ayer -cantaba la voz de América- tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en esta tierra lejana.

La compañía catalana La Conquesta del Pol Sud hace de la terrible experiencia vital de Claudia un documental escénico valiente, hermoso y conmovedor que ella misma cuenta sin revanchismo ni sensiblería; únicamente con deseo de verdad, porque no hay nada más ruin, ella bien lo sabe, que engañar a un niño. También lo cuenta con compromiso hacia los suyos: Claudia Victoria Poblete Hlaczik es hija de Gertrudis Hlaczik y de José Liborio Poblete Roa, militante chileno que llegó a Buenos Aires en 1972 para tratarse de un accidente. En el Instituto de Rehabilitación conoció a Gertrudis, estudiante de Psicología. Es cierto, Pepe y Trudi eran comunistas y luchaban por la revolución todos los días; luchaban por ejemplo por una ley de discapacidad. El 28 de noviembre de 1978, ocho meses después de nacer su hija, los secuestraron a los tres y los llevaron al centro clandestino de detención y tortura Olimpo. La beba Claudia estuvo dos días allí con su madre hasta que se la arrebataron y terminó apropiada por el coronel Ceferino Landa y su mujer, Mercedes Beatriz Moreira, que resultarían condenados en 2001. Sus verdaderos padres fueron desaparecidos.

Ajena a todo esto hasta los veintiún años, fue criada como Merceditas, la hija tardía del coronel y doña Mercedes, que vivían en guerra continúa contra los subversivos y terroristas comunistas antiimperialistas. Merceditas se sentía extraña en aquella casa y aquel régimen de clausura y adoctrinamiento. Se aficionó a las novelas de ciencia ficción pero ni siquiera sabía que existieran las Abuelas de Plaza de Mayo. Y resultó que una de ellas era la suya, Buscarita Roa. Así se llamaba, Buscarita. Ella fue quien la buscó y la encontró al fin veinte años después. Desde entonces Claudia, como quien cose pedazos de tela, viene armando el puzle que es su vida para entregarle a su hija Guadalupe una memoria digna. No hay otra forma de que el futuro también lo sea.

Mercedes, Claudia y Guada son los tres capítulos del relato de La Conquesta, conquistadora de regiones inalcanzables y bellísimas de teatro periodístico-poético. Carles F. Giua, Eugenio Szwarcer y la propia Claudia narran estos hechos del modo más limpio y hermoso: teatro que es de verdad, periodismo del que más falta hace y poesía que cala hasta los huesos. ¡Cómo puede surgir tanta hermosura de semejante horror! ¡Cómo con tanta honestidad! Y lo hacen además con la intención expresa de cuestionar cómo se interrelacionan las vidas individuales y la historia, qué papel jugamos todos y cada uno en el mundo que nos toca vivir. En la escena cumbre de la recreación del juicio, la luz ilumina de pronto el patio de butacas y entonces sientes ese nudo en la garganta y una punzada de culpa: si quienes están en el escenario no son actores, ¿qué somos entonces los espectadores sino responsables auténticos de cuanto ocurre?

Y no crean, no hace falta remontarse a dictaduras latinoamericanas, ni pisar nuevamente la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires ni Plaza de Mayo, ni viajar hasta Santa Lucía de Tucumán a conocer el centro de exterminio de los miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo, ni a las cataratas de Iguazú para un bautismo iniciático, ni al desierto de Atacama a contactar con Ganímedes... No hace falta ir tan lejos. En Logroño mismo, en poco minutos puedes pasar frente al Palacete del Espolón, la Delegación del Gobierno y los antiguos juzgados, escenarios reales de un 14 de noviembre con final infame. Es el recorrido para ir al Teatro Bretón desde la Sala Gonzalo de Berceo, donde coincidiendo con 'Claudia' se estrenó otro documental, 'Reos', que cuenta una historia de represión mucho más próxima que compromete nuestra libertad. Y nos interpela a actuar para que sea cierto que todo cambia. Para dejar de ser reos de nuestro propio miedo.

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