«Habría que reivindicar las Humanidades, que nos forman como ciudadanos críticos»

El Bretón logroñés acoge hoy (20.30 horas) 'Troyanas', el clásico de Eurípides en versión de Alberto Conejero y con Aitana Sánchez-Gijón al frente del reparto Aitana Sánchez-Gijón Actriz

ESTÍBALIZ ESPINOSA LOGROÑO.

Aitana Sánchez-Gijón regresa hoy a Logroño al frente de 'Troyanas', donde interpreta a la reina Hécuba en este clásico de Eurípides versionado por Alberto Conejero. Sobre el escenario le acompañan Casandra, Helena, Andrómaca, Políxena, Clitemnestra, Ifigenia, Hermione... mujeres no sólo vencidas en la Guerra de Troya, sino luego sometidas al capricho de los caudillos guerreros.

Sorteadas como esclavas, Taltibio (interpretado por Nacho Fresneda y único hombre del reparto, además del niño Alejandro López) es el mensajero de los griegos encargado de comunicar a estas troyanas sus fatales destinos. Ellas no cuentan para nada, pero tampoco se callarán.

-Hace tres años disfrutamos en Logroño de su 'Medea' y ahora regresa como Hécuba en 'Troyanas', dos papeles que, además de interpretarse, se padecen.

LAS FRASES«Ahora hay una necesidad de cambiar el relato de la Historia, de contar las cosas desde otra perspectiva»«Personajes como Hécuba son un regalo porque te conectan con cosas muy grandes»

-Padece el personaje, pero yo como actriz los disfruto muchísimo. Sí es cierto que hay un desgaste físico y emocional, pero los personajes de esta profundidad son un regalo porque te conectan con cosas muy grandes.

-Esta versión de 'Troyanas' de Ernesto Conejero ¿en qué se desmarca del clásico de Eurípides?

-En primer lugar le han quitado el artículo al título porque Carme Portacelli (la directora) quería insistir en que troyanas somos todas y en la función Hécuba habla por boca de todas las Hécubas del mundo, es un discurso universal. Por otro lado, en esta versión se han introducido algunos personajes como Políxena (hija de Hécuba, que interpreta Alba Flores) como una especie de fantasma que vaga por el escenario y habla al oído a su madre. También aparece Briseida, personaje de la Ilíada, como símbolo del Síndrome de Estocolmo, de escoger el mal menor entre los males. Como las niñas secuestradas y violadas en Nigeria por el grupo terrorista Boko Haram, que una vez liberadas muchas de ellas han preferido volver con sus raptores porque se habían acostumbrado al maltrato pero no al repudio de sus propias familias. Y también se introduce el personaje de Taltibio, el mensajero de los griegos para comunicar a las Troyanas cuál va a ser su destino, que es como un drácula contemporáneo, como un alma en pena condenado a vagar eternamente porque carga con la culpa de no haber podido hacer algo por estas mujeres.

-En este montaje también se prescinde del coro y de algunos dioses.

-Increpamos a los dioses de una manera más general y han perdido ese papel de manejar los hilos. Digamos que en esta versión de Conejero los dioses nos han abandonado.

-Como cualquier clásico, 'Troyanas' es una pieza muy actual y más ahora que las mujeres están tomando la palabra de una forma más contundente, aunque usted nunca se ha callado.

-No, ni me callaré. Ahora hay una necesidad de cambiar el relato. Hécuba dice al principio de la función: 'Habla porque los invasores están regresando a sus casas y serán ellos los que escriban tu historia'. Si dejamos que el relato siga escribiéndose por los hombres, por los que ganan las guerras y las provocan; si seguimos creyendo que Helena de Troya fue la causante de una guerra de diez años por su belleza y no porque Troya era una ciudad rica, un puerto de mar entre dos mares nada cambiará. Dejemos de ser la coartada para la tentación, para Eva, y vamos a cambiar el relato. Es hora de contar las cosas desde otra perspectiva porque si no nosotras mismas acabaremos por creérnoslas, que es lo peor.

-Las grandes lecciones de vida y de la historia nos las dan los clásicos. ¿Deberíamos recurrir más a ellos?

-Yo creo que recurrimos a ellos y el público además responde. Es una lástima que, por ejemplo, en los programas educativos se estén quitan-do horas de Filosofía, de Cultura Clásica, Historia y Literatura porque en el teatro nosotros vemos que eso sigue interesando y que necesitamos conectar con las fuentes. Habría que reivindicar las Humanidades porque es lo que nos forma como ciudadanos críticos, lo que nos hace reflexionar, lo que nos crea conciencia.

-Su personaje de Hécuba centra el padecimiento de las mujeres troyanas, es como el papel catalizador de la obra. ¿Esto es una responsabilidad extra sobre el escenario?

-Lo es porque, en efecto, es la que vertebra todo. Todas las mujeres tienen una historia que contar, pero Hécuba tiene más motivos que nadie para dejarse morir y caer, abandonar y rendirse, y sin embargo siempre encuentra la fuerza y el poder de convicción para levantar a las demás e insuflarles esa dignidad y necesidad de preservar la palabra y la memoria. Ella se debate entre esa falta de estímulos para seguir viviendo y, sin embargo, su sentido de la justicia y de la dignidad la hacen levantarse cada vez.

-Hay quien ve en usted una Hécuba demasiado joven.

-Es una duda absolutamente legítima, de hecho fue lo primero que le comenté a Carme Portacelli cuando me propuso el papel. La propuesta de Carme salta por completo sobre el realismo de las edades, de hecho la actriz Miriam Iscla, que interpreta a mi hija Casandra, es un par de años mayor que yo. Le ha dado igual porque está hablando de cualidades y, además, hay algo conceptual en el espectáculo a nivel corporal y de imagen, vemos las ruinas de Alepo reflejadas o rostros de refugiadas de otras guerras. Creo que ha querido pasar por encima del realismo para decir 'todas podemos ser Hécuba'. Y ella no quería una Hécuba vencida por la edad, sino una mujer fuerte, incluso físicamente.

-¿Cómo ha manejado Carme Portacelli a estas 'Troyanas'?

-Ha insistido mucho en que no fuera un lamento. Somos víctimas repartidas como un botín de guerra y repartidas como objeto sexual, pero que no quería que esto se quedaran en el lamento o el victimismo, sino que quería mujeres que se revelan, que están llenas de rabia, de indignación y de dolor, pero que no se quedan llorando en una esquina.

-Acaba de estrenar la película 'Thi May', también con una importante presencia femenina. ¿Es casualidad o las historias de mujeres o contadas por mujeres le interesan especialmente?

-Si me interesaran más no trabajaría nunca en este país. Esto ha sido una gran regalo, una excepción, como si nos tocara la lotería. Es una película protagonizada por tres mujeres, además por tres mujeres maduras, y eso es lo sorprendente y claro que me atrae y me encantaría que esto dejara de ser una excepción.

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