«Somos refugiados de nuestra infancia»

Mohsin Hamid.

El escritor paquistaní Mohsin Hamid fabula en su novela 'Bienvenidos a Occidente', finalista de los Man Booker, sobre el drama de la inmigración

ÁLVARO SOTO MADRID.

El escritor paquistaní Mohsin Hamid (Lahore, 1971) ha logrado colarse entre los finalistas del prestigioso premio literario Man Booker con una fábula sobre los refugiados. Su obra se titula 'Bienvenidos a Occidente' (Reservoir Books) e imagina a unos protagonistas, Nadia y Said, que pueden huir de la guerra simplemente abriendo puertas que les llevan a Mikonos, Londres o San Francisco. Eso sí, la realidad en esos lugares de acogida no será fácil, y allí sí que se enfrentarán, de verdad, a los miedos de las sociedades ricas ante la llegada de los extranjeros.

«Esas puertas son como los pasaportes y los billetes de avión. Quien tiene dinero puede entrar por ellas fácilmente y quien no lo tiene lo intentará. Las distancias están desapareciendo y no impiden que la gente se mueva. Lo que impide que la gente se mueva son los muros. Pero el ser humano, desde el homo sapiens, acaba llegando a donde quiere ir», asegura el escritor.

Esos muros son también una metáfora, la de la resistencia al cambio de quienes rechazan la llegada de los que huyen de los lugares en guerra. «Todos deberíamos vernos a nosotros mismos como refugiados», proclama Hamid, autor de los libros 'Humo de mariposa', 'El fundamentalista reticente', 'Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente' o 'Discontent and Its Civilizations', que han sido traducidos a 35 idiomas y han aparecido en las listas de los más vendidos.

«El proceso de independencia que ha planteado el Gobierno catalán es un gran error»

«Pensemos en una mujer española de 80 años. Nació en plena guerra civil, de niña vio cómo Europa se destruía, vivió la dictadura de Franco, luego vio la democracia, ahora tiene un nieto gay con el que habla a menudo, sus vecinos del bloque comenzaron a tener la piel oscura y cuando sale a la calle, se siente forastera aunque nunca se ha movido de su ciudad. Nosotros nos desplazamos en el tiempo, somos refugiados de nuestra infancia, de un tiempo pasado que supuestamente era mejor y por eso mucha gente siente nostalgia», cuenta el autor de 'Bienvenidos a Occidente'.

La nostalgia de una parte de la población, especialmente los mayores, según Hamid, explica fenómenos como el 'Hacer América grande otra vez' de Trump, el 'brexit' o el califato del autoproclamado Estado Islámico. Pero el mundo ya no funciona de esa manera, cree el autor, que reclama que una responsabilidad individual sobre cada uno de los refugiados que abandona su país de origen. «Antes no sentíamos que hubiera ninguna responsabilidad porque morían en desiertos lejanos o en medio del mar. Ahora están muriendo en las mismas playas en las que veraneábamos y ya no podemos fingir que es algo que ocurre lejos de nosotros», señala.

¿Y qué hacer para convencer a los que sueñan con un mundo que no volverá? «Necesitan encontrar la belleza y la esperanza que existe en el cambio, en la fugacidad de las cosas», insiste Hamid, que lanza un mensaje «radicalmente optimista». «Hace apenas unos años, en España, las mujeres, los homosexuales o los ateos no tenían los mismos derechos que los hombres, pero eso ya ha cambiado y también cambiará para los refugiados. No será mañana, pasarán generaciones o incluso siglos, pero el proyecto de igualdad acabará triunfando y una persona que nazca en Mogadiscio tendrá los mismos derechos que alguien que nazca en Madrid», agrega.

Precisamente ese concepto de igualdad lleva a Hamid a pronunciarse en contra de la independencia de Cataluña. «Un proceso como el que ha planteado el Gobierno catalán es un gran error», sostiene el escritor. En su opinión, no tiene sentido dividir un país «por una cuestión de pagar más o menos impuestos o por qué lugar ocupa un idioma u otro en un documento oficial». Hamid pone un ejemplo que le resulta muy cercano, el de Pakistán.

«Cuando nació, hace 70 años, se dijo que todo el mundo, musulmán o no, iba a ser igual. Pero después empezaron las divisiones entre buenos o malos musulmanes y ese es el peligro. Una parte, normalmente utilizando ideas amables y buenas, comienza a dividir a la gente y esas diferencias se acaban agrandando. Si los soldados de Madrid fueran a Barcelona a disparar, entendería el que los catalanes quisieran la independencia, pero con la situación actual, no tiene sentido correr ese riesgo».

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