«Ahora hay mucho reconocimiento de la mujer pero poca redistribución de poder»

Cecilia Palomo, jurista, profesora y doctoranda. /Jonathan Herreros
Cecilia Palomo, jurista, profesora y doctoranda. / Jonathan Herreros

Cecilia Palomo, jurista y profesora mexicana de 27 años, realiza en Logroño una estancia investigadora para su tesis doctoral

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

Tiene Cecilia Palomo a sus 27 años un currículum excepcional y un futuro realmente prometedor. Nacida en Aguascalientes (México), está realizando en la UNIR una estancia investigadora para su doctorado, cuya tesis lleva por título 'Juzgar desde la perspectiva de género. Haciendo efectivo el derecho a la igualdad desde el marco jurídico interamericano'. Licenciada en Derecho, diplomada en Derechos Humanos en Ginebra, catedrática en el Instituto de la Judicatura Federal en México, profesora en el campus de Aguascalientes... y viajera impenitente, Cecilia acaba de ingresar en la Asociación de Mujeres Juezas de España.

-¿Cómo ha acabado aterrizando en Logroño?

-Hace ya dos años que comencé mis estudios de doctorado en la UNIR , cuya modalidad me permite seguir realizando otros proyectos gracias a su versatilidad 'online', pero ahora ha llegado el momento de viajar a Logroño, conocer al director de mi tesis y desarrollar mi investigación in situ durante un tiempo.

«La educación es la vacuna ante el machismo y la discriminación que sufren las mujeres»

«La mujer persigue la visibilidad, tenía derecho a parar un día, dos horas, a decir '¡aquí estoy!'»

-A través su experiencia en América Latina y en Europa, ¿cómo ve la situación de la mujer, justo ahora tras la celebración del 8-M?

-Sobre la situación de la mujer en América Latina, lamentablemente, allí está todavía mucho más arraigado el machismo y el sistema patriarcal. En las familias existen muchos estereotipos muy enraizados que invisibilizan el sesgo de violencia fuerte hacia la mujer. Y si se observa las cúpulas de poder, lo que también ocurre en otras zonas del planeta, se comprueba que vivimos una época de mucho reconocimiento de la mujer y de poca redistribución de poder. Es el famoso techo de cristal, que en España puede concretarse en la fotografía del Tribunal Supremo donde, de manera vergonzosa, no figura ni una mujer. Aún falta muchísimo por hacer. Por no hablar de otros países de África o de Asia, donde las mujeres son utilizadas como botín de guerra...

Eliminar estereotipos

-¿Qué sería necesario para que, además del reconocimiento, llegue a la mujer esta redistribución?

-Como catedrática del Poder Judicial en México veo un área muy importante, ya que son los jueces los que tienen el contacto directo con las personas y pueden utilizar las sentencias como instrumentos de transformación social. En el ámbito social, la clave es la educación. La jueza canaria Gloria Poyatos afirma que la educación es la vacuna ante el machismo y la discriminación que sufren las mujeres. Mientras no seamos conscientes del problema, no eliminemos estereotipos, esas barreras ideológicas que nos impiden incluso dialogar, o dejemos de usar neologismos como 'feminazi' o 'machirulo', estaremos lejos de encontrar una solución en común.

-Y esa vacuna de la educación, ¿se está inoculando a los niños?

-Me parece que no, pero tenemos una oportunidad muy importante. Actualmente la Asociación de Mujeres Juezas de España está emprendiendo el programa 'Educando en justicia igualitaria', que trata de acercar la Justicia a los jóvenes, y a través del que perciben los problemas reales como el maltrato y la discriminación. Cuando regrese a México, tengo la encomienda de poner en marcha este proyecto en mi país.

Globalización y oportunidad

-¿Tienen los jueces las herramientas legislativas necesarias para revertir esta desigualdad?

-Queda mucho camino por recorrer. Los jueces asumen dos posturas: el activismo o la reticencia y, por desgracia, la mayoría son reticentes. «Hemos hecho esto así toda la vida, no vamos a cambiarlo nosotros», dicen. El camino es largo, pero se están produciendo avances a raíz de la globalización. El mundo está ya tan conectado que la introducción del derecho internacional de los Derechos Humanos llega a todos los niveles, y son muchos los jueces y juezas que ya están empezado a aplicar sentencias ejemplarizantes y a basar sus resoluciones en estudios comparados de ese derecho internacional.

-¿Ve el vaso más lleno que vacío?

-A veces peco de optimismo excesivo. ¿Quién iba a imaginar hace no mucho tiempo la visibilidad que ahora mismo se le está dando al problema de la mujer? Más allá de que se conmemore el 8-M, son temas que antes ni siquiera eran tocados; pasaban desapercibidos.

-¿Tenía sentido la polémica suscitada con motivo de la pasada huelga del 8-M?

-Creo que hubo gente que no entendió su finalidad. La huelga no pretendía paralizar la economía del país, sólo era un golpe encima la mesa que, más que revolucionario, era pacífico. Lo único que perseguía era reconocimiento y visibilidad. La mujer forma parte del cincuenta por ciento de la humanidad y no se la ha escuchado durante largo tiempo. La mujer tenía derecho a parar un día, dos horas, a decir «¡aquí estoy!».

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