Un recital poético... y de estilo

El color ciruela y el negro, en contraste en el atuendo de la Reina. :: j.r./
El color ciruela y el negro, en contraste en el atuendo de la Reina. :: j.r.

La Reina leyó uno de los poemas con los que le obsequiaron los nueve alumnos del CRA 'Entrevalles', invitados fijos en esta cita A falta de discurso, Doña Letizia se explayó con los gestos y saludos en San Millán

E. ESPINOSA SAN MILLÁN.

Doña Letizia fue ayer mujer de pocas palabras en San Millán, aunque de más gestos de los que nos tiene acostumbrados en esta visita anual a La Rioja. A falta de discurso oficial, la Reina no escatimó saludos entre quienes reclamaron su atención ni tiempo para departir con los nueve alumnos del CRA 'Entrevalles', fijos en esta cita y a quienes ha visto crecer en sus sucesivas visitas al monasterio de Yuso.

Allí estaban Youssef, más mozo y comedido que años atrás, su hermano Zakaría, Arturo, Rodrigo, Elena, Eduardo, Andrés, Víctor y Elvira, supervisados por las profesoras Sofía y Natalia (la única que se estrenaba, no sin nervios, en el 'vis a vis regio'). En esta ocasión, el regalo de los jóvenes estudiantes a la Reina consistió en una colección de poemas con sus firmas. Pero la sorpresa se la llevaron los chavales cuando Doña Letizia abrió el cuaderno, eligió una poesía al azar (la de Elvira) y empezó a declamar:

Te damos la bienvenida Doña Letizia, / siempre contaremos con tu presencia y alegría. / Por cierto, que no se nos olvide tu simpatía, / junto con Felipe, Leonor y Sofía.

Tras agradecer el detalle, la Reina hizo extensible su gratitud al resto de compañeros del colegio, por lo que hubo que aclararle que allí estaban todos los que son. «¿Sólo nueve?», se sorprendió.

La foto de familia con los jóvenes estudiantes dio paso a otra similar con las autoridades, entre ellas el presidente del Gobierno riojano, Jose Ignacio Ceniceros; la presidenta del Parlamento, Ana Lourdes González; el delegado del Gobierno en la Rioja, Alberto Bretón; el presidente de la Fundéu BBVA, Darío Villanueva, y la coordinadora general de la Fundación San Millán, Almudena Martínez. Arropada por todos ellos, la Reina accedió a las dependencias monacales para entrar en materia lingüística. Precisamente en ese momento llegaban, tarde, dos vecinas de Santo Domingo para saludar a Su Majestad. Momentos antes lo había conseguido un grupo de mujeres del valle, pero estas últimas tuvieron que esperar casi dos horas para, finalmente, conformarse con verla de lejos y bajo los paraguas en el momento en el que Doña Letizia abandonaba el monasterio.

Atrás dejaba halagadores comentarios sobre su atuendo, un primaveral abrigo de Atos Lombardini de favorecedor micro-estampado y color ciruela, que acompañó con pitillos negros de textura de cuero y un top de cuello caja del mismo color de Hugo Boss. Y todo ello elevado varios centímetros gracias a los salones negros acharolados y de finísimo tacón con los que, un año más, sorteó con éxito el empedrado del monasterio.

Atrás dejaba también los ecos de un violín que, a modo de preludio, sonó a primeras horas de la mañana por todo el valle. No fue cosa de duendes, sino de un joven historiador participante en el XIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, quien no encontró mejor escenario para su música que la Sierra de la Demanda.

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