QUERIDA CONSTANCE

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JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Querida Constance: Me pregunto si es posible reescribir la historia con nombre de mujer. No hace mucho escuché decir a Tània Balló que en realidad no importa si es posible o no; simplemente es necesario. Ella te gustaría. Es autora de 'Las sinsombrero', un documental sobre las escritoras olvidadas de la Generación del 27, poetas e intelectuales eclipsadas por hombres, como María Teresa León, mal conocida como esposa de Rafael Alberti. «Estoy cansada de no saber dónde morirme», decía. También ella te gustaría. Fue poeta, activista y feminista cien años después de tu época, pero casi nadie la recuerda ya. Al cabo de dos siglos tampoco casi nadie te recuerda a ti. Y, sin embargo, sigue siendo muy necesario escribir la historia con nombre de mujer.

Me pregunto si es posible reescribir tu propia historia; recordarla al menos: Constance Marie de Théis, princesa de Salm después de contraer matrimonio con Joseph de Salm-Reifferscheid-Dyck, nació el 7 de noviembre de 1767 -hace doscientos cincuenta años- y murió el 13 de abril de 1845. Hija del conde de Nantes, fue educada según preceptos ilustrados y con dieciocho años publicó sus primeros poemas. Poetisa y dramaturga a la que sus contemporáneos llamaron la 'Musa de la Razón', fue la primera mujer admitida en el Instituto Francés de las Artes. De sus obras destaca la que la convirtió en el símbolo de la defensa de la causa femenina en el ámbito artístico, 'Safo y carta a las mujeres'.

Safo, por supuesto: musa griega, exponente de la poesía lírica clásica, la primera mujer que pudo renovar el arte poético y musical de su tiempo. Safo, Constance, María Teresa, Tània... sois necesarias para reescribir la historia con nombre de mujer, para reivindicar a toda mujer mientras haya desigualdad.

Por eso son muy necesarios ejercicios como 'Sensible', versión dramatizada de tu novela epistolar de 1824 'Veinticuatro horas de una mujer sensible', un autorretrato de verdadera sensibilidad, no solo la que actúa sobre los afectos del alma, sino aquella que ilumina y engrandece la mente.

El teatro no bastaba para expresar el torbellino de emociones que atraviesa el personaje en esa única jornada de celos, delirio y desesperación fatal y Juan Carlos Rubio ensaya con sorprendente éxito un género híbrido con la expresiva danza de Chevi Muraday. De todas las extrañas parejas que le ha buscado últimamente a Kiti Mánver en el escenario (incluido el narcisista Jorge Javier Vázquez), esta es sin duda la más atractiva. El bailarín, sin apenas texto, encarna con gran belleza al personaje ausente del amante y su coreografía serena contrasta con la pasión que arrolla al personaje de Constance como un brutal tranvía llamado deseo. El experimento escénico, girando siempre sobre un reloj que representa la caprichosa danza del corazón y la sinrazón, combina tan bien con la magnífica interpretación de la actriz que su soliloquio no lo parece.

También Kiti te gustaría. A mí me encantó su mezcla de fuerza y fragilidad. Como una carta de amor. Como una mujer escribiendo la historia. Como tú.

Querida Constance: '¡Extraña fuerza, la del corazón humano! Cuando, arrastrados por la pasión, nos forjamos miles de temores quiméricos y en cierta manera nos complacemos abandonándonos a ese delirio...'

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