PURA RAZA ARCOÍRIS

PURA RAZA  ARCOÍRIS

JOSU EGUREN

Todos los recuerdos asociados a los pequeños ponis en mi infancia son los de una serie de animación pastelosa y unos pequeños muñecos de plástico con injertos de pelo lacio que por algún extraño motivo calaron entre las niñas de mi generación. Veníamos de aquellos tiempos en los que las multinacionales jugueteras segregaban a su target por razones de sexo y proliferaban las colecciones bélicas por oposición a los apóstoles del buen rollo del tipo osos amorosos y, por lo visto, siguen atrayendo al público infantil porque treinta años después 'My Little Pony' vuelve a dar el salto al formato extendido con el único propósito de echar sus redes pelágicas en el caladero navideño. Los fieles a 'La magia de la amistad' -una de las línea de negocio más rentables de Hasbro junto con 'Transformers'- saben a lo que se exponen: un empacho de mensajes beatíficos y destellos multicolor intercalados con eslóganes subliminales y subrayados sobre la importancia del trabajo colaborativo.

Bajo la supervisión de Jayson Thiessen, que cuenta con una larga experiencia en el seno de una franquicia donde ha desempeñado los cargos de productor ejecutivo y director de la serie durante cinco temporadas, 'My Little Pony' no corre el peligro de desbocarse, y se mantiene fiel a todos y cada uno de los rasgos identitarios de una yeguada en torno a la cual se ha gestado una inmensa comunidad fan con rango de subcultura pop. Los bronys, que es como se reconocen los miembros de esta tribu, ya le han dado su visto bueno a una película que tiene sus ojos puestos en los espectadores de entre 3 y 8 años. No esperen encontrar en ella guiños o líneas con doble sentido que aflojen su carga de ñoñería incandescente porque el guion no cede ni un milímetro en su intención de vomitar abrazos y tonadillas naif que apenas disimulan la sencillez y funcionalidad de su animación en 2D.

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