«Se pueden llenar teatros con obras sobre la profundidad humana»

Fernando Cayo interpreta a un Maquiavelo de los años 50. :: promocional/
Fernando Cayo interpreta a un Maquiavelo de los años 50. :: promocional

El actor vallisoletano actúa hoy en el Teatro Bretón a las órdenes de Juan Carlos Rubio en 'El príncipe de Maquiavelo'

MARÍA SOBRINOLOGROÑO.

Fernando Cayo llega hoy al Teatro Bretón para hacer un ejercicio de justicia. Esta tarde, a las 20.30, subirá al escenario caracterizado como un Nicolás Maquiavelo moderno que encuentra en esta función su oportunidad de romper la «idea pérfida» que acompaña al legado de este filósofo, dramaturgo y analista renacentista. Más de cuarenta espectáculos teatrales y varias decenas de series y películas avalan al actor vallisoletano, que contesta a las preguntas de Diario LA RIOJA entre ensayos, entrenamientos y grabaciones.

-Tras un año y medio de parón con 'El príncipe de Maquiavelo', ¿qué tal sienta el regreso?

Teatro Bretón
Hoy, 20.30 h.
Actor
Fernando Cayo.
Director
Juan Carlos Rubio.
Entradas
De los 10 euros en el segundo anfiteatro a los 18 en butaca de patio.

-Estupendamente. Ya llevamos un montón de funciones y va muy bien. Es un placer que los teatros se llenen con un espectáculo como Maquiavelo. A mí no deja de parecerme algo fascinante y maravilloso, la prueba de que el público no sólo quiere comedias de 'escóndete, que viene mi marido'. Se pueden llenar teatros para escuchar cosas que tienen que ver con la profundidad del alma humana y el pensamiento. Juan Carlos Rubio ha hecho una versión extraordinaria que parte del príncipe de Maquiavelo, pero también incluye 'Del arte de la guerra', correspondencia personal del propio Maquiavelo y un fragmento de teatro de 'Mandrágora' obra por la que fue conocido en vida.

LA FRASE Actuar en solitario «Hacer un monólogo es muy enriquecedor por la sensación de conexión con el espectador»

-¿Cómo enlazan todas esos textos en la función?

-Todo se va intercalando. Lo que vamos a ver es una persona encerrada en su despacho elaborando un pensamiento: está a solas, bebe whisky, toma café, filosofa, se ríe, hace el tonto. Está solo en su despacho y ese lugar se convierte en un espacio mágico en el que todo puede ocurrir: él presencia la llegada de sus fantasmas personales e incluso se sienta a ver una película que él mismo ha construido sobre 'Del arte de la guerra'. En otro momento, retomamos su figura como dramaturgo contando una de las historias de 'El príncipe' con una máscara de comedia del arte, que además encaja con mi propia formación, porque yo estuve en Italia estudiando comedia del arte.

-Es una obra con muchas vertientes.

-Es un espectáculo totalmente redondo. Tiene pensamiento, una filosofía totalmente actual y rompedora que podría aparecer en cualquier titular de un periódico y mucho sentido del humor, porque Maquiavelo era un tipo muy divertido, con mucha ironía. Es una obra, además, con mucha emoción, puesto que toda la correspondencia personal que ha empleado Juan Carlos Rubio habla de un hombre que, después de haber entregado toda su vida a la ciudad de Florencia, se ve encarcelado, acusado de una falsa conspiración y enviado al exilio. Y ahí es cuando vemos a Maquiavelo

-En escena le vemos con una estética renovada, vestido de traje.

-No queríamos hacer un Maquiavelo vestido de toga, que alejase al espectador. Juan Carlos Rubio ha sazonado todo con una estética años 50 y vemos a un personaje de traje, como cualquier político ahora mismo, en un ambiente muy elegante, muy 'Mad Men'. Esos ingredientes, movidos con música de swing, hacen que el espectáculo sea algo muy atractivo. Es también un reto, algo que a mí me interesa cada vez que me meto en un proyecto.

-No es la primera vez que se apunta a un proyecto en el que está solo en el escenario. ¿Le atrae el reto de enfrentarse solo al público?

-Hacer un monólogo, tal y como yo lo concibo, es subir un Everest. Pero es al mismo tiempo muy enriquecedor, porque la sensación de conexión con el espectador cuando sale bien es muy grande. Realmente se funde con el protagonista de la función, sigue el recorrido y al final hay una especie de traslación y es el espectador quien acaba encima del escenario. Este es el sexto monólogo de mi carrera, con lo cual es un suelo que no me resulta ajeno y en el que me muevo cómodo. Lo hemos trabajado con mimo y entrega; a mí me ha llevado tres meses memorizar el texto y trabajar sobre él, todo con el objetivo de hacer que lo difícil parezca fácil.

-¿Busca hacer pensar a quienes vayan hoy al Bretón?

-Lo primero que quiero es que la gente disfrute, se entretenga y se ría, y luego por supuesto que reflexione. Que salgan transformados del teatro. Sé que puede parecer un poco pretencioso, pero yo intento trabajar por un teatro que transforme a la gente y les haga meditar, porque, como decía Shakespeare, el teatro es básicamente un espejo para los hombres.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos