OTRA PROPOSICIÓN INDECENTE

Una escena de 'El test'. :: l.r.
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Una escena de 'El test'. :: l.r.

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Cuando se estrenó 'Una proposición indecente' hace casi veinticinco años Carlos Boyero escribió con su talento habitual: «Mala y abyecta, no por su artero argumento y su fétido y calculado final, sino por el relamido y estúpido lenguaje que utiliza». Sospecho que incluso el maestro de la crítica cinematográfica aceptaría, secretamente, pasar una noche íntima con Robert Redford -yo desde luego lo haría, y no necesariamente sin sexo-. Pero aquella frase me sigue pareciendo tan acertada y su juicio tan necesario ante el uso de falsas controversias para engordar un género taquillero y polémico que hace sentirse al espectador medio ante graves dilemas morales, aunque sean en realidad banales y casi pueriles, que yo esperaba pacientemente el momento de poder copiársela. Creí que con 'El test' había llegado la ocasión de colocarla y confieso que durante buena parte de la obra estuve paladeando con deleite malévolo cada uno de sus adjetivos como si ya me perteneciesen: .. Pero no sé qué fue lo que finalmente me obligó a tragarme esas palabras antes de hacerlas realmente mías: quizás que la comedia de Jordi Vallejo, teniendo un inverosímil punto de partida muy similar al de la peliculilla de Adrian Lyne y no sin merecer alguno de esos epítetos, no es ni relamida ni estúpida. Está bien construida y escrita, y la dirección de Castrillo-Ferrer entretiene sin insultar constantemente a la inteligencia.

Como en tantas y tantas comedias de dobles parejas, 'El test' explota sin rubor la fórmula de cita amigable que terminará siendo catártica a base de confesiones más o menos sorprendentes hasta llegar a un desenlace, que, no por rebuscado, deja de resultar el esperado desde el comienzo. Y recurre también al gancho de actores populares para ganar laplatea sin demasiado riesgo. Cien mil euros ahora o un millón en diez años es la tentadora manzana que se disputan con innegable oficio Luis Merlo y Antonio Molero, bien acompañados pero con protagonismo menor por Maru Valdivielso e Itziar Atienza. En realidad, rivalizan por otra cosa imposible de tasar. Pero no pidan peras al limonero: si quieren ustedes saber si es cierto que todos tenemos un precio no esperen que este test les resuelva la duda; solo juega con la idea divertida de que sí. Yo, con Robert Redford, incluso habría pagado.

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