El plagio «constante e impune» en la cocina, una amenaza para la alta cocina

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M. LORENCI.

En el mundo de la cocina se copia con «descaro e impunidad absoluta, sin citar jamás el origen de una receta o un plato». Lo reconoce José Carlos Capel, fundador y presidente de Reale Seguros Madrid Fusión. «Es un tema acre, ácido y complicado», añade Capel, moderador ayer del taller 'El copyright de los platos'. Periodistas, críticos, expertos y letrados afirman que se roban recetas con descaro, que se fusila sin cuento y sin apenas castigo. Que la ley, la misma que ampara a músicos, escritores o artistas, es casi papel mojado y tiene un largo camino por delante.

«Se copian esferificaciones, tortillas de camarones, espumas, esencias y lo que sea aquí, en Singapur, en París y en Pekín. Nadie se libra. Es una historia para no dormir», dice Capel, que ha mostrado una extensa batería de ejemplos de toda índole a los participantes en el debate: Jordi Butrón, fundador de Espaisucre; Philippe Regol, al frente del blog 'Observación Gastronómica'; Alfredo Gómez Acebo, abogado del despacho Cremades&Calvo Sotelo, y Santiago Robert Guillén, abogado y autor de la tesis 'Alta cocina y derecho de autor'. Todos han constatado la persistencia del plagio «constante e impune» entre fogones y manteles. Algo que «está poniendo en peligro de muerte el futuro de la alta cocina».

Mientras que copiar con descaro una canción, un libro o una tesis universitaria se paga caro en los tribunales, en el ámbito culinario sale casi gratis. La Ley de Propiedad Intelectual protege a escritores y cantantes y se supone que también a cocineros y chefs.

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