LA PLAGA

CARLOS SANTAMARÍA

Andar a estas alturas explicándole a la gente el descubrimiento de América es una labor penosa y agotadora, sobre todo porque en el auditorio hay una horda creciente de ciudadanos sin interés por la Historia entregados al trabajo de imponernos sus obsesiones mientras espantan cualquier dato riguroso como se ahuyenta a manotazos un moscardón cuando sobrevuela una ensalada. Que se marchen los expertos, que estorban. En Nueva York están planteando retirar la famosa escultura de Colón junto a Central Park, algo que pidieron hace tiempo los miembros de la CUP con la estatua de Barcelona; cosas de la nueva política. También en Boston, Los Angeles, Richmond y otro montón de ciudades las estatuas de Colón han sufrido ataques y pintadas de toda clase. Lo acusan de racista, terrorista o genocida, y bajo sus fríos pies de metal le escriben con espray que Black lives matter.

Disparates como estos se están poniendo de moda porque la gente comete el peligroso error de juzgar sucesos históricos con la moral del presente, un fallo que ningún historiador cabal se atrevería a cometer; no se pueden juzgar hechos anteriores al siglo XVIII con nuestros criterios morales porque son épocas en las que ni siquiera existía una idea de 'derecho individual' o de 'libertades del hombre', conceptos que se asientan tras las revoluciones liberales de hace 200 años. Es irrefutable pero les da igual; lo que quieren es indignarse por todo muy ruidosamente.

Lo terrible de esta plaga, como pasa con todas las idioteces, es que es dañina y se extiende. Hay mucha gente que piensa que estaremos en un mundo mejor si se le cambia el nombre a la mascota de la Universidad del Sur de California, un noble caballo «símbolo de la supremacía blanca», o si en Memphis se cancela la exhibición de 'Lo que el viento se llevó' por ser «insensible y racista». Hay que tumbar las estatuas de Colón y las del Capitán Cook, clausurar las pirámides de Egipto porque las levantaron esclavos, que cierren el Coliseo, circo imperialista de atrocidades... Pronto llegará el asunto hasta el castillo de Clavijo o a las fiestas de Moros y Cristianos. Los exaltados son muchos y saben que van ganando; nos están cambiando la Historia por la histeria.

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