PINTURA RÁPIDA

ALBERTO PIZARRO

E l 22 de julio en Navarrete y el 25 en Logroño se ha celebrado el 7º Concurso de Pintura Rápida, convocado por la Asociación Riojana del Camino de Santiago, con fallos del jurado que han hecho cundir el desánimo entre algunos miembros del grupo Paisajistas de La Rioja.

Una forma de enterarse de los secretos de un quehacer que requiere tanto oficio es acercarse a los artistas cuando están en plena acción. En Logroño lo hice en compañía de José Ignacio Amelivia, quien no participó, ignoro si por razones tácticas o por darse una tregua (en lo que va de temporada lleva obtenidos 14 premios en distintas poblaciones españolas). El que su principal motivación para concursar no sea el dinero, sino la afición, el conjugar dos de sus pasiones -arte y naturaleza- y permitirle hacer turismo, le hace ser amigo de los que contienden. Esto, sumado a que aúna ironía y cultura en la justa proporción para no resultar hiriente ni pedante, le convierten en guía ideal.

Amelivia recuerda la amabilidad de la gente de algunos pueblos - presta a proporcionarle sombrillas, bebida y comida-; pero su experiencia le hace precaverse de algunos jurados y evitarse dolamas e incordios. Como parecer 'una perdiz', de tan rojas como se le pusieron las piernas al pintar en un rastrojo en bermudas y sin protección solar. O ser objeto de todas las fotos durante la celebración de una primera comunión, en detrimento del protagonista, por no ponerse protector solar y aparecer con un involuntario bronceado, 'color magenta intenso'. O, al tener que utilizar el W.C. en un ayuntamiento, verse encerrado, teniendo que salir por un balcón ante la rechifla de la concurrencia. O, para parar una estampida de terneros y poder seguir pintando, tener que dedicar una mano al pincel y los dedos de la otra como tetina. O soportar al perfeccionista que, ante la panorámica del pueblo, insistía: «Ahí falta una ventana». O el clásico ofrecimiento: «¿Si me quedo aquí quieto, me pintas?». O pintar rodeado de niños empeñados en ayudarle o en utilizar su material (la impronta que dejó una niña le 'hizo' ganar un tercer premio). Por eso exclama: «¡Qué dura es la vida del pintor feriante!».

Sin los agobios que conllevan esos concursos, Amelivia, que además de desempeñar su cátedra en Logroño ha impartido talleres fuera de La Rioja, va a hacerlo en Ezcaray del 4 al 6 y del 11 al 13 agosto. Ocasión pintiparada para aprender de este maestro de la especialidad, que ha asimilado que «el mejor pintor del natural es el que sabe encontrar la mejor sombra».

Lástima que ese tipo de obras no gocen del favor de los del discurso intelectual dominante, del 'culturburgo' de Tom Wolfe. Aunque estoy seguro que si 'la Amós Salvador' exhibiera algunos de los cuadros que han reportado más de 200 premios, entre nacionales en internacionales, a esta primera figura de la pintura rápida española, muchísimos aficionados encontraríamos en la sala un trébol de cuatro hojas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos