Pessoa, fingidor de raras modernidades

José Almada Negreiros recreó en 1964 a Pessoa en este lienzo, emblema de la Fundacion Gulbenkian./
José Almada Negreiros recreó en 1964 a Pessoa en este lienzo, emblema de la Fundacion Gulbenkian.

El Reina Sofía y la Fundación Gulbenkian indagarán en el papel del escritor como motor de corrientes artísticas lusas El poeta de los heterónimos alentó con su obra la vanguardia plástica portuguesa

MIGUEL LORENCI

Lisboa. En su peregrinaje por la veintena de cuartos y casas lisboetas en las que malvivió, Fernando Pessoa (1888-1935) cargó siempre con un aparatoso arcón de madera. A su muerte, con 47 años y víctima una pancreatitis, el baúl del poeta, dipsómano solitario, depresivo y ocultista, contenía más de 27.000 papeles, quizá la mitad de su obra. Su legado sigue ofreciendo sorpresas e inéditos. Es una mina para críticos literarios e historiadores del arte. En la obra del universal creador de los heterónimos -hasta 136 identidades literarias contrastadas- se puede rastrear el papel del infatigable fingidor lisboeta como motor de la rara y mal conocida vanguardia artística portuguesa.

En ese océano de manuscritos y en revistas como 'A Águia' y 'Orpheu' están algunas claves de la modernidad plástica lusa que retorció movimientos como el cubismo y el futurismo, convertidos por Pessoa y sus coetáneos en interseccionismo, paulismo o sensacionismo. «Las ideas son sensaciones», escribe.

El Reina Sofía los explorará en febrero en 'Todo arte es una forma de literatura', muestra para la que ha sido crucial la colaboración con la Fundación Calouste Gulbenkian. Sus comisarios Ana Ara y João Fernandes recurren a Pessoa como hilo de las corrientes estéticas lusas de la primera mitad del siglo XX. Reunirá más de 160 obras de 20 artistas y material documental de colecciones privadas e instituciones como la Gulbenkian -que cede 56 obras-, o el Centre Georges Pompidou.

Con 136 identidades literarias contrastadas, dejó a su muerte un arcón con casi 30.000 papeles

En su apertura de temporada y con Manuel Borja Villel recién renovado en la dirección, el museo recreará la dinámica de la mal conocida escena vanguardista portuguesa entre 1914 y 1936. Cómo Pessoa fue el insólito y teórico motor de una extraña modernidad a través de sus osadas y versátiles propuestas artísticas, sus escritos bajo tantas identidades -heterónimos, ortónimos y seudómimos- y sus conexiones con artistas y otros letraheridos. Una cita de Álvaro de Campos, uno de sus más vanguardistas heterónimos, da título a la muestra, con piezas de José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso o Júlio. Obras que se verán junto a manifiestos, libros y revistas, correspondencia y folletos que sustentaron teóricamente la peculiar y atractiva vanguardia lusa.

Sin gran afición por el arte, Pessoa teorizó y alimentó en su poliédrica obra el florecimiento de aquella modernidad. Conceptualizó movimientos e innovadores 'ismos', unas corrientes que acusan la inevitable influencia del cubismo, el futurismo, o el orfismo, en boga en una Europa en guerra que se reformulan en Portugal.

El retrato 'interseccionista' de Pessoa realizado por su amigo José Almada Negreiros en 1964, icono de la Gulbenkian y espejo de otro pintado en 1954 para una céntrica cafetería de Lisboa, abrirá la exposición. Es el icono de un espacio dedicado a la figura y el pensamiento de un Pessoa que se siente «múltiple». «No sé quien soy ni cómo es mi alma (...) Soy muy distinto de esos otros que tampoco sé si existen», escribe en sus diarios.

«Intuyó que una vanguardia puede ser cosmopolita sin dejar de ser local, lo que fue una premonición determinante para su entorno», explica João Fernandes, subdirector del Reina Sofía, en la casa museo del poeta, en el barrio de Campo de Ourique, en la que pasó los últimos quince años de su vida, consagrada a su estudio desde 1993.

El esotérico Álvaro de Campos, el filosófico Alberto Caeiro y el perfeccionista y amante de los clásicos Ricado Reis son los heterónimos fundamentales de un Pessoa disociado en mil identidades. Muchas de ellas con biografía, caligrafía, firma, familia, y carta astral propia. Con cinco años, a la muerte de su padre, creó a Chevalier de Pas -El Caballero del No-, amigo imaginario y semilla de su rico y poblado universo poético. A su única amada, Ofélia Queirós, se dirigía a través de sus otros yoes. Jamás quiso un empleo fijo. Le bastaba con su labor como traductor comercial autónomo para distintas firmas. Según Wikipedia, pagaba sus elegantes trajes, el vino y los 1.300 libros que también paseó por los cuartuchos lisboetas.

Figura crucial de las letras universales, solo publicó en vida un libro, 'Messagem'. Su obra fundamental, 'El libro del desasosiego', apareció en 1982, casi medio siglo después de su muerte. «No sé qué pasará mañana» fueron la últimas palabras que escribió en inglés Fernando Antònio Nogueira Pessoa, nacido el 13 de junio de 1888 en el cuarto piso del largo de San Carlos, frente al coqueto teatro de ópera homónimo en el que se deleitaba su padre Joaquim Pessoa, crítico musical y funcionario. A esa plaza y al muy cercano café A Brasileira, en El Chiado, llegan turistas en masa para fotografiarse abrazados a su busto de bronce, sentado y fumando, en un velador de la Rua Garrett.

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