La pata más social de la política exterior

Un operario ayuda a descargar un avión con diez toneladas de material de emergencia en Bolivia. :: Juan Carlos Torrejón Ramirez / efe/
Un operario ayuda a descargar un avión con diez toneladas de material de emergencia en Bolivia. :: Juan Carlos Torrejón Ramirez / efe

El presupuesto para el desarrollo ha pasado de los 4.351 millones en 2009 a los 2.420 millones de este ejercicio La cooperación española cumple treinta años sin que ningún Gobierno haya invertido el 0,7% de la RNB

DANIEL ROLDÁN MADRID.

La revolución comenzó en 1976. Entonces, España buscaba su sitio tras la muerte de Franco, en un envite entre los nostálgicos del régimen y aquellos que querían la democracia y ser como el resto del mundo occidental. Ese año se creó el Fondo de Ayuda para el Desarrollo, el primer paso serio de la Administración española para tener un organismo de cooperación internacional. Porque, hasta entonces, España estaba considerado un país que necesitaba recibir esa ayuda de los países más avanzados. No fue hasta 1981 cuando España salió de la lista de receptores de fondos por parte del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Después, todo se aceleró. En 1985 nacía la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica (Secipi); tres años más tarde, veía la luz la Agencia Española de Cooperación y en 1991, España se convertía en miembro del CAD al destinar al desarrollo el 0,20% de la renta nacional bruta, un indicador que se halla con la suma de las retribuciones de todos los factores de producción nacionales, una cifra que en 2017 representó 1,166 billones de euros.

Desde ese 1991, la cooperación española ha ido creciendo paulatinamente, con un importante acelerón durante los primeros años del siglo XXI, hasta que la crisis lo paralizó todo. «Hay muy pocos países que han logrado una imagen tan buena en tan pocos años», asevera Miguel Ángel Villena (Valencia, 1956), que analiza estas tres décadas de cooperación en 'España solidaria' (Gestión 2000). «El tiempo de oro de la cooperación fue entre 2004 y 2011», añade el autor. «La generosidad del Gobierno de España no tenía precedentes. Invirtió más de 900 millones de dólares (unos 765 millones de euros) en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con la misión de movilizar, acelerar y alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio», apunta la directora del PNUD y ex primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, en el prólogo.

«España era uno de los diez países que más dinero aportaban para Naciones Unidas. Fueron años muy buenos para las relaciones exteriores españolas», incide el periodista valenciano, que resalta la importancia de la cooperación como herramienta política para la penetración de un Estado en cualquier zona del mundo. «Además de la ayuda, es importante por el efecto altavoz que tiene estas medidas entre todos los países», apunta.

Estancamiento

Sin embargo, la crisis acabó con todo, con el trabajo de muchas ONG e incluso con su propia supervivencia. Todas aquellas que dependían de la subvenciones públicas vieron cómo tenían que reinventarse ante la nueva situación e incluso algunas desaparecían. Porque las cuentas menguaron de forma espectacular. El presupuesto de la Agencia Estatal de Cooperación al Desarrollo (Aecid) para este año es de 284 millones, muy lejos de los 852 millones que se destinaron en 2008.

En términos absolutos, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) -que concierne a toda la Administración-prevista para este año es de 2.450 millones, el 0,21% de la Renta Nacional Básica (RNB), muy lejos del 0,46% conseguido en 2009 (4.351 millones), del 0,30 de media de los países de la OCDE o del 0,7% fijado por Naciones Unidas. «Esto ha provocado que España pierda peso en América Latina y África», indica Villena. Dos regiones en las que está radicada la mayor parte de los cooperantes españoles, 2.599 personas, según las últimas cifras del Ministerio de Asuntos Exteriores. Cuatro de cada diez están en el África subsahariana, un 5% en países del Magreb, un 26% en América del Sur y un 15% en Centroamérica y el Caribe. El resto se reparte entre Oriente Próximo y Medio (8%) y Asia (3%). En total, son 85 los países donde actúa la AOD.

Además, el 55% de estos cooperantes son mujeres y tres de cada diez trabajan en organizaciones no gubernamentales y de desarrollo. Otras cuatro de cada diez personas pertenecen a una orden religiosa y un 8% trabaja en Aecid. Unos números similares a los de otros años, pero que necesitan más impulso y continuidad. «En España tenemos unas tasas de asociacionismo muy bajas. Y somos un país muy solidario», recalca Villena. «Pero es una ayuda muy compulsiva, del momento. Debe ser más homogénea en el tiempo», indica el autor. Allí están las demostraciones de la solidaridad de los españoles en desgracias como el 'Mitch' o el terremoto de Haití. «La labor que hicieron los médicos españoles, es impagable. Las consecuencias del terremoto no fueron mayores gracias a su trabajo».

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