UNA PASADA, COLEGAS

UNA PASADA, COLEGAS
JUSTO RODRÍGUEZ

RICARDO ROMANOS - CRÍTICA DE TEATRO

Decíamos ayer por alguna de estas páginas que, por lo general, no se tiene ni remota idea de todo lo que implica la puesta en escena de cualquier espectáculo. Y mucho menos de la cantidad de gentes que intervienen en ella, además de lo que se ve en el escenario: ni idea de los profesionales especializados que están detrás, los técnicos y serdidores, lo que no se ve. La ignorancia se manifiesta supina si hablamos de todos aquellos equipos multidisciplinares que han contribuido a su producción. Pues bien, el otro día estuve en el Bretón. Fui a admirar, a emocionarme como casi nunca, a reír y a lagrimear de gozo. Porque vi "Imagina sin límites", puesta en escena por la Troupe del Teatro Inestable de Asprodema, Centro Vareia, ya toda una consagrada compañía de ópera, colegas. Y no sólo de ópera: de género chico, de zarzuela grande, de varieté arrevistada y de cabaré shakespeariano colado por sainetes de Arniches. Y en un texto, un libreto, que hubieran firmado conjuntamente y sin dudarlo Mihura, Azcona, Muñoz Seca y Faemino y Cansado, apuntándose a la partitura, cómo no, los maestros Chueca, Irving Berlin o Kurt Weill en un revoltijo. Así que disfruté mucho más que con en Il Trovatore, dónde va a parar. Porque vimos un espectáculo total, como lo hubieran querido Max Reinhardt o el mismísimo Valle Inclán. Y qué actrices y actores, colegas, qué versatilidad, qué dominio de la escena, qué imparables gracia y gracejo, qué verbo divino, qué bien se les oía, Manolito, Andrés. Imagínense: todo un estreno, la boletería vendida y no hay localidades desde hacía tiempos. Claro, más de sesenta intérpretes en escena, traducción simultánea en pantalla, que te leo lo que estás diciendo, cuidadito. Y va y sólo tuvieron dos fallitos de letra solventados en un amén con saber hacer y compañerismo. Para empezar. Esta compañía no tiene límite, colegas. Están preparados para cualquier contingencia. Y luego todo el espectáculo, ilimitado también. Numerazos: qué bellezas salerosas las del sicalíptico cuerpo de baile cuando cantan aquello de 'Vivir, soñar, sentir, cantar'. Y qué requetebién atemperada la afinación de la lírica orquestina. Como habrá por aquí alguien que allí estuviera, ¿qué me dices de la escenografía y decorado? Qué escena de calle tan bonita, qué delicada pantomima con su niño marinerito, globo y perrito, y sus trepidantes automóviles con problemas de tráfico cruzando la escena, con su insinuante manfla en rojo carmín bajo la amortecida farola, viandantes a sus cosas, carteristas, descuideros, caballeros elegantes y matronas... Oh, un café en la esquina, años veinte del siglo que se fue y Romeo y Julieta, escapados de una opereta de perra gorda y amartelados tras la cristalera, ay, nuestras familias no nos dejan querernos, ay. Y así. Y la trama, ¿qué me dices de la trama? Un cabaré de altura, espías al teléfono, familias de gánsteres enfrentadas por su posesión, cuestión de táleros, nuestro amor es imposible (sollozan), y ahora viene el número del tanguista que se lo monta con una escoba, toma pastillas de goma, pura varieté. Y mucho, o sea, mucho, mucho, mucho más... Dos horas, colegas, un dislate. Y nos lo hicieron pasar de puta madre, números cómicos y cantábiles a tutiplé. Enseñando. Una pasada, colegas, mataos de risa, esa felicidad, pero qué bueno es el buen teatro para todo. Naturalmente, al final, escuchamos una de las más largas, justas y preciosas ovaciones de las oídas en el Bretón. Y sí, claro, además tenían a mucha gente detrás. Desde el entregado equipo técnico del Bretón, esa joya, que habrá de mirarse la sombra, ojo, los técnicos de esta compañía podrían comérselos, hasta esa enloquecida y maravillosa piñata que trabaja por y para ellas en el Centro Vareia, mucho Centro, colegas: sus profes y monitoras, sus voluntarios, cuidadito con ellos. Y ellas. Os cuento: ese día pudimos celebrar con 'Imagina sin límites' el Día de la Discapacidad 2017. Porque, además de no cejar en todas sus actividades del día a día, muchas y estupendas, hace cuatro años el Centro Vareia se convirtió, así mismo, en una unidad de producción teatral, operística, Proyecto LOVA. Internacional. Y sus usuarios, chicas y chicos, señoritas y caballeros, apoyados por todo su personal de atención han sido los gestores, creadores y realizadores del espectáculo. Para ello han reproducido los sistemas de creación de una gran producción creando sus equipos: Producción (gestión y administración de recursos, relaciones públicas, documentalismo y publicidad); talleres de escenografía, figurinismo, utilería, atrezo y sastrería; de maquillaje, posticería y peluquería; gabinetes de escritura, composición musical y coreografía y, faltaría más, los equipos de servicio escénico: regiduría, servidores de escena, iluminación, sonido, cámaras de vídeo, etc., etc., etc. Cuatro años: su tiempo no es el nuestro. He ahí su grandeza, su hermosura: han podido con todo. Y han ganado, también, en todo. Muchísimo. Sé muy bien que han disfrutado y han aprendido y se han superado y se han entusiasmado y han luchado y han sufrido sus cosillas. Pero han logrado esplendorosamente todos sus objetivos, de equipo y personales. Los ¡bravos! de un teatro hasta la bandera, esos corazones conmovidos y rientes, celebraron todo eso que vimos. Pero mi muy especial corona de laurel teatrera, y nuestras almas, aplaudieron a rabiar, sí, lo que no se ve. A los que están detrás, a esa cohorte de magníficos profesionales invisibles de la que pocos saben, a los que hacen posible estos milagros ciudadanos. Como los del Centro Vareia o los del Teatro Bretón. Por decir...

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