AQUELLA PAREJA DE MODA

CRÍTICA DE ARTE - ALBERTO PIZARRO

Si en los años que Lucrecia Arana y Mariano Benlliure trabaron su historia de amor hubiera habido revistas de ésas que hoy llaman del corazón, y yo -de Valladolid y ginecólogo- de 'sebajólabraga', el escultor y la tiple contralto de zarzuela habrían figurado semanalmente en ellas. Eso deduzco de la exposición montada en el Museo de La Rioja a cuento del 150 aniversario del nacimiento la diva jarrera.

Parte del material expuesto bien pudo haber copado dichas publicaciones, porque la vida de Lucrecia tuvo el momio que apetece la gente adicta a ellas. Nacida en Haro, contaba un año cuando mataron a su padre, teniendo una infancia marcada por las dificultades. De niña amenizaba las reuniones cantando jotas, hasta que la familia López Heredia la ayudó para que pudiera estudiar canto. De muy joven se trasladó a Madrid, teniendo como Pigmalión a don Rafael, llegando a ser la más afamada de las intérpretes de zarzuela. Allí se enamoró de Benlliure, tuvieron un hijo y abandonó su carrera artística; aunque su círculo íntimo siguió constituido por los personajes más ilustres de la época.

Su casa y estudio madrileños se convirtieron en un museo, pues a las obras del marido se sumaron las de sus hermanos pintores y otros importantes artistas amigos de la familia, tales como Sorollla, Benedito, etc. Entre esas obras destacaban retratos de la familia, así como cuadros de otra temática dedicados a la cantante, que pueden admirarse en esta muestra.

En la exposición también se muestran dibujos, caricaturas, esculturas, fotografías, cartas, libretos, recortes de prensa, objetos personales, complementos del vestuario de la artista y hasta la partida de nacimiento. Merecen especial atención varios óleos de Sorolla y los emotivos retratos que Mariano esculpió de ella.

Hay un busto póstumo, del que realizó dos fundiciones en bronce, una para colocar en su tumba y otro que situó en el jardín frente a la entrada del estudio, y un boceto como Agustina de Aragón. Con todo eso, los afectos a esas revistas y los amantes de la plástica tienen una ocasión de gozar de lo lindo en una exposición que se clausurará una semana antes de Nochebuena.

Benlliure, tan vinculado a La Rioja que hasta puso la imagen de Lucrecia como 'Alegoría de la Historia' en el Mausoleo de Sagasta en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, realizó una obra narrativa y realista, captando el aspecto transitorio y dinámico de la vida. En su sobresaliente obra taurina -de la que nada se expone, salvo un mantón de madroños de Lucrecia- gustó reflejar la muerte o la derrota.

Hoy le habrían asqueado esos toreritos horteras que, tras unos muletazos, se engallan creyéndose dioses, e imperiosos conminan a la masa a que les aplauda ladrando: «¡'Amos' ya!». Por eso me vienen los versos de la 'Elegía a Joselito', de Gerardo Diego: «Y todo cesó, al fin, porque quisiste. /Te entregaste tú mismo; estoy seguro. /Bien lo decía en tu sonrisa triste/ tu desdén hecho flor, tu desdén puro».

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