PARAÍSOS PERDIDOS

PARAÍSOS PERDIDOS

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Acaso lo que buscas es un tiempo mejor, un mundo más hermoso. Quizás es ese mundo únicamente lo que abrazas cuando abrazas a tus amigos. Tú, junto con ellos, eres ese mundo». En 'Los paraísos perdidos' -como narraba Basilio Martín Patino en su película-, Charo López, busca y rebusca en un mundo que quizás ya no exista sin saber qué va a encontrar en él; sin saber siquiera si no irá a perderse definitivamente como Hiperión en la búsqueda ideal de la belleza.

Otra actriz, Idoia Salguero busca igualmente en 'Mujer soldado'. Buscar es todo cuanto podemos hacer y a veces, sobre todo si eres mujer, buscar el modo de serlo es incluso más de lo que te está permitido. Buscas lo que deseas y acaso todo lo que encuentres sea el deseo de seguir buscando. «Harta de que le hayamos robado la plenitud a la vida», alistada a las filas de la insurrección teatral, «harta de ser cómplice de todo esto», Idoia busca en el escenario, casi desnuda -cubierta apenas con un piano y unos versos de Pedro Pastor Guerra-, «harta de estar harta», se planta en las trincheras de la resistencia artística, se sube al andamio a construir su propia obra: mujer soldado, actriz soldado.

Son muchas las batallas que ha de ir librando esta mujer Idoia: las trampas cotidianas, las del azar, las de los miedos personales, las de las normas sociales, las de sí misma frente al espejo... Son muchas batallas que dejan heridas hasta poder responder: esta soy yo, y estoy aquí y ahora. Es toda una guerra, es la vida entera, hasta saberse libre al fin. Y a mí, admirando su valor y el encantamiento que produce, me gustaría más libre aún. «Libre te quiero -como le cantaba Amancio Prada a Charo López en la película-. Pero no mía ni de Dios ni de nadie ni tuya siquiera».

Más libre, siempre más libres para ser capaces de librarnos incluso de nosotros mismos, de todo lo aprendido que nos encadena a falsos espacios de confort, de esos paraísos de cartón piedra donde nos encerramos creyéndonos a salvo. Espíritus libres como Pepa Plana, otra hermosa actriz, una maravillosa payasa blanca capaz de hacer reír mientras llora por dentro. Otra mujer valiente de Pe a Pa en permanente busca, si no de un auténtico paraíso inalcanzable, sí al menos de un mundo un poco mejor. Con ella lo es. Pepa es una Penélope que no se queda en casa tejiendo un hilo interminable mientras regresa Ulises, sino que revuelve Ítaca de arriba abajo y emprende su propia odisea. A buscar, más lejos, más lejos del mar, más libres.

Pepa es una payasa inquieta y también en 'Paraíso pintado' es un ángel que se aburre en el cielo. Ella quiere ayudar, quiere servir de algo, quiere ser ángel de la guarda y no un simple querubín mofletudo y comodón como hay tantos por las nubes. Pepa tiene el sueño de volar para escapar del cuadro de colorines chillones y ser un angelito de verdad. No sabe que los payasos ya lo son, que hacen que los niños vean las cosas de otra manera y los mayores se entristezcan por haber crecido y deseen volver atrás. Pero su viaje inocente toma una dirección imprevista y acaba de ángel de la guarda del fondo del mar. Y ahí abajo la realidad no es como ella imaginaba. No se ven las pateras, pero ¿cómo ayudar a tantos que caen de ellas tratando de cruzarlo en busca de un hueco en el paraíso?

La tierra arrebatada, el futuro negado, el éxodo, el exilio, el desarraigo, la muerte, la vida cruel del emigrante... Y, gracias a la dulzura de Pepa, la débil pero irrenunciable posibilidad de la esperanza. Y buscar. Siempre buscar. Siempre libres. Los paraísos perdidos a través de los ojos de una payasa angelical.

Fotos

Vídeos