«Nuestra obligación es hacer interesante lo importante»

De izquierda a derecha, Rafael Mañueco, Mercedes Gallego, Juan Pedro Quiñonero, Pablo M. Díez y Javier Ansorena. :: alberto ferreras/
De izquierda a derecha, Rafael Mañueco, Mercedes Gallego, Juan Pedro Quiñonero, Pablo M. Díez y Javier Ansorena. :: alberto ferreras

Corresponsales de Vocento debaten sobre el periodismo y sobre los países de los que informan en el foro que cierra el 15 aniversario del grupo

ÁLVARO SOTO MADRID.

Testigos directos de los acontecimientos que marcan la historia, los corresponsales son también traductores e intérpretes de los países sobre los que informan. Son los ojos de los lectores en el mundo y asumen la responsabilidad de contar las realidades complejas a las que están expuestos cada día. Cinco de los corresponsales de Vocento se reunieron ayer en el que foro que cerró los actos por el 15 aniversario del grupo para debatir sobre el mundo y sobre el periodismo en tiempos de posverdades, redes sociales, izquierdas y derechas alternativas y, en general, confusión y caos.

«La sobredosis de información crea desinformación», abrió el fuego Juan Pedro Quiñonero, corresponsal de ABC en París y moderador del debate, que enseguida puso encima de la mesa tres de los asuntos que marcan la actualidad mundial, Trump, el 'brexit' y Cataluña, y sobre ellos se explayaron los participantes. «Nuestro papel entre todo este ruido es preservar la serenidad», corroboró Mercedes Gallego, corresponsal de los regionales de Vocento en Nueva York; «nuestra obligación es hacer interesante lo importante sin caer en el sensacionalismo», continuó. Gallego relató cómo lidia todos los días con la desinformación de la Casa Blanca: «El trabajo se ha complicado mucho porque antes era inconcebible que un presidente de Estados Unidos mintiera». Las mentiras, cree Gallego, generan la polarización de la sociedad civil, partida por la mitad entre partidarios y detractores. «Y en ese punto, los periodistas debemos salir de nuestra burbuja para entender qué ocurre realmente y transmitirlo», añade Javier Ansorena, corresponsal de ABC en Nueva York.

Rafael Mañueco, corresponsal de Vocento en Moscú, explica que Rusia está aprovechando esas grietas de las sociedades occidentales para «meter cizaña». «Los medios oficiales rusos son propaganda y hacen todo lo posible por desestabilizar a occidente, incluso generando las 'fake news', que ellos ponen en funcionamiento», agrega.

«El periodista debe salir a la calle y estar en los lugares en los que ocurren los acontecimientos»

Y entre todo ese barullo emerge China, país del que informa en Vocento Pablo M. Díez, que relata cómo el eje del mundo está cambiando y es ahora Oriente el territorio que toma el poder global por todos los medios. «En China todo es propaganda. Se está utilizando el milagro económico del país para ganar legitimidad tanto en el interior como en el exterior. La crisis del 2008 ha acelerado el declive de Occidente, así que resulta más difícil que esos países levanten la voz contra la dictadura», subraya.

¿Qué ocurre realmente en Estados Unidos entre Trump y la prensa? Mercedes Gallego cree que los medios y las redes sociales han contribuido a la elección del magnate con «5.500 millones de publicidad gratuita». «Durante muchos años, los medios se han centrado en lo que ocurría en Nueva York y Washington, y se ha dejado de lado el resto del país», añade. Ansorena toma el relevo: «Lo que ha ocurrido ahora es que ha habido una reacción contra las élites y contra el periodismo. Pero Trump, al colocar a la prensa como enemigo, nos ha situado en una posición de influencia».

Aun así, más allá de las polémicas que avienta el presidente, hay mucha vida. «Trump no nos deja ver que probablemente el tema del año en Estados Unidos han sido las denuncias de abusos contra las mujeres. O la epidemia de opiáceos, o las enfermedades que sufren los jugadores de fútbol americano cuando se retiran del deporte. Todo eso, a veces, se nos escapa», insiste Ansorena.

Mientras, en la otra parte del mundo, la democracia liberal ni está ni se le espera, y eso tiene una repercusión en el día a día de los periodistas. «Rusia es una democracia virtual, pero a Putin no le gusta que haya conflictos con la prensa extranjera. Son raros los casos de periodistas extranjeros que son expulsados del país. Eso sí, cuando uno es muy incómodo, lo que ocurre es que si sale, no le dejarán entrar alegando motivos de seguridad», destaca Mañueco, que recuerda cómo, en su larga trayectoria en Moscú, solo ha recibido una llamada, y no por un artículo suyo, sino por uno de Hermann Tertsch.

En China, en cambio, la represión es menos sutil. «Los que hemos publicado artículos críticos con el régimen hemos sido llamados a capítulo, pero esa no es la mayor dificultad. El gran problema es acceder a la información cuando hay protestas o accidentes que sacan a relucir la corrupción del régimen. Y a todo eso hay que añadir la censura en Internet», asevera Pablo M. Díez, que aun así, recuerda que el deber del periodista es «salir a la calle y estar en el lugar en los que ocurren los acontecimientos».

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