UNA NORMA ADMIRABLE

CRÍTICA DE MÚSICA - EDUARDO AÍSA

N ueva cita con la Ópera Nacional de Moldavia en el escenario de Riojafórum y nuevo éxito que vuelven a apuntarse. Esta vez lo hacen con uno de los máximos exponentes del belcanto, la formidable 'Norma' de Bellini, saliendo del habitual repertorio Verdi-Puccini. Muchísimo canto, canto del bueno, que requiere especialización: hay tanta exigencia técnica, de fraseo, de matices, de fiato, de control de emisión y demás virtudes canoras, que supone una 'prueba del algodón' para cualquier compañía.

Ha sido para mí un feliz descubrimiento la admirable soprano venezolana Mariana Ortiz, que estuvo inmensa en el papel de Norma, con una voz preciosa de timbre en todos los registros, con un fraseo belcantista de calidad y una prestancia escénica notable. Su esperada 'Casta diva' fue sobresaliente: tiene potencia, tiene dulzura, tiene estilo, tiene graves y quizá, para ser la Norma ideal, le falte un punto de agilidad, que tenía que resolver ralentizando el tempo. Otra gran compañera de reparto fue Rodica Picirenau, que bordó una Adalgisa de mucha calidad y con ejemplar compenetración: los dos extensos dúos fueron de alto voltaje.

Al lado de ellas el tenor Javier Agulló fue un ostentoso lunar, desafinando completamente en todas sus intervenciones. Una pena con esa voz tan bella y esos agudos tan bien timbrados arruinar toda musicalidad, además la afinación no tiene remedio, se tiene o no se tiene. Hace 5 años ya escribía en estas páginas comentando su intervención en una 'Tosca' en Riojafórum: «El tenor ilicitano Javier Agulló tiene una buena presencia escénica y unos sonoros y bellos agudos, pero le falta redondear su línea de canto -que resulta algo errática- y debe mejorar mucho su afinación». Pues ya saben: lo que no mejora, empeora. En el otro papel importante masculino destacó Iuri Maimescu, que es uno de esos típicos bajos del Este, con una rotunda voz, que ofreció un Oroveso notable.

El reducido coro estuvo brillante en sus extensas intervenciones y sólo se le notó apurado en su difícil salida del segundo acto, 'Non partì?', para voces masculinas, donde se les vio penar en las persistentes zonas agudas. La orquesta estuvo muy bien pero sin ningún refinamiento y eché en falta un director que controlara eficientemente los volúmenes. Hubo varios pasajes en los que taparon a las voces y numerosas ocasiones en las que los trombones y la tuba atronaban de una forma exagerada y muy molesta. Alguien debería indicarle al director Nicolae Dohotaru, si vuelve, que además de dar entradas y salidas como un guardia de tráfico, hay que controlar la emisión y las intensidades. En resumen, podemos hablar de un balance general muy meritorio, que despertó el entusiasmo del numeroso público asistente.

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