UN MUTIS

UN MUTIS

JONÁS SAINZ

La obra es mortal de necesidad, pero doña Concha Velasco no se merece más crítica que la ceguera propia del amor de madre. Incluso el autor, su hijo Manuel, podría quedar disculpado porque no pretende otra cosa que hacer un regalo especial a la suya, aunque sea pelín pomposo (de pompas fúnebres, se entiende) y tan pasado de moda como el día de la ídem. Si yo aún estuviera a tiempo, también cubriría a la mía de la bisutería más brillante y fragancias exóticas. Cuánto la eché de menos en la butaca de al lado y cómo se habría reído ella con su Conchita Velasco. Para esa venerable generación que apenas pudo ver teatro y cine costumbrista es 'El funeral', un autohomenaje con público que la actriz española con mayor carrera ha decidido darse a los postres. Maldita la falta que le hacía una guinda tan pocha, pero el ejercicio de reírse de sí misma a estas alturas de la película ya es motivo de aplauso.

Entre parodia y tributo a la vieja escena española, 'El funeral' es una comedia al estilo Jardiel pero sin el talento del autor de 'Morirse es un error'. Resulta que el fantasma de la actriz más famosa del país, se aparece en el teatro durante su capilla ardiente y, resumiendo -por no aburrir doblemente-, se dedica a arreglar algunos asuntos que no había dejado bien atados. Sus nietas y su agente serán las víctimas. Y el público será una vez más, quizás la última, su público; qué si no. Qué otra cosa desea una diva que perdurar ante sus admiradores.

He asistido a entierros auténticos más cómicos que 'El funeral', pero la franqueza y el tono desenfadado, casi gamberro, de este divertimento ligero haría exagerado un juicio más severo. Mejor tomarlo a broma. Por lo general me pasa como a Paco de la Zaranda, que no soporto el teatro en el que sale a escena el actor y no el personaje. Algunos somos así de avinagrados. Pero eso aquí no cuenta. Aquí actriz y personaje son una misma cosa: desde su espectral entrada, la tal diva no es otra que Concepción Velasco Varona, más conocida como Concha Velasco y antes incluso como Conchita Velasco; hoy ya doña Concha, que es como hay que llamar a las grandes, dándose el capricho de hacer mutis a lo Gloria Swanson en 'El crepúsculo de los dioses', pero con guasa. Aparte de otros tres jóvenes actores casi decorativos, le flanquean como si tal cosa Antonio Resines en carne y hueso y Andreu Buenafuente en carne televisiva, haciendo ambos lo mejor que saben, o sea haciendo de sí mismos.

Pero el espectáculo es simplemente ella, asomada no sin morbo a su propio velatorio. Yo la recordaré como santa Teresa e incluso como reina Juana. Por chica yeyé la recordaré. Junto a José Sacristán y Alfredo Landa y todos esos actores y actrices que, surgiendo de la nada, popularizaron la interpretación en un país en blanco y negro. Y, qué demonios, también de este otro modo crepuscular la recordaré. A fin de cuentas, es la despedida que doña Concha ha querido. O no.

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