Vetusta Morla en Madrid: Histórico punto de inflexión de la música independiente española

El cantante de Vetusta Morla, Pucho, durante el concierto en Madrid./Efe
El cantante de Vetusta Morla, Pucho, durante el concierto en Madrid. / Efe

La banda indie madrileña marca un hito y consigue reunir a 38.000 personas en la noche de San Juan

EUROPA PRESSMadrid

Noche de San Juan, noche de transformación. Porque la música independiente española ya nunca más será lo que fue. La catarsis colectiva de 38.000 personas con Vetusta Morla en La Caja Mágica de Madrid marca un punto de inflexión a partir del cual hay que empezar a escribir otra historia. La noche más larga del año, aparte de adoración al fuego, trae consigo toda la amplitud del futuro abierto bajo la luna llena.

Y es que más allá de los festivales multitudinarios, el indie patrio requería ya un concierto generacional que todos podamos recordar juntos. Una de esas veladas en la que, con el tiempo, resultará que éramos 100.000 porque todos fuimos. Uno de esos días para ponerse galones de melómano fatal. Vetusta Morla han marcado un hito, en definitiva, congregando una forofa multitud partiendo veinte años atrás desde la más profunda independencia.

Las calles de San Fermín, de hecho, bullen bajo el sol mientras el gentío se arroja contra los bares. Los teléfonos móviles se calientan de más tratando de unir a todos esos amigos que quieren vivir esto juntos. Es todo muy a lo grande, como cuando viene de fuera cualquier guiri súper estrella internacional, solo que esta vez los que nos unen son de los nuestros y esa es una diferencia determinante que consigue una identificación más pura. Y además han llegado hasta aquí a su manera, trabajándoselo a vida o muerte. Eso también significa muchas cosas e inspira otras.

Pucho durante el concierto ante 38.000 personas.
Pucho durante el concierto ante 38.000 personas. / Efe

Pero lo más importante siempre es la música. Por eso estamos exactamente aquí. Y empieza a sonar pasadas las diez de la noche, cuando aún es de día y Madrid disfruta de un atardecer limpio e infinito como pocos. En un ambiente de comunión y camaradería absoluta se enciende el escenario con 'Mismo sitio, distinto lugar', la canción que da título al cuarto y último disco de Vetusta Morla, alrededor del cual nos congregamos. Empieza el karaoke, prosiguen los abrazos, explota la máquina de selfies. Todas las emociones posibles rebotan unas contra otras.

Se suceden con un sonido limpio y potente temas nuevos como 'Deséame suerte', 'El discurso del Rey', 'Palmeras en La Mancha', antes del aquelarre rockero que resulta ser 'Golpe maestro'. 'Pirómanos' adquiere todo su sentido en la noche de las fogatas y 'Maldita Dulzura' resulta tan arrebatadora como de costumbre. 'Cuarteles de invierno' rebosa épica y 'Copenhague' emociona siempre. Da gusto ver a la gente cantar a gritos con los ojos cerrados y los puños cerrados. Recitar canciones que pertenecen a este tiempo presente al que por el resto de los tiempos nos remitirán.

«Infinitas gracias por venir esta noche a celebrar uno de los momentos más impresionantes que hayamos tenido. Hace unos 20 años iniciamos un proyecto lleno de ilusión, perseverancia, intuición y trabajo», dijo un emocionadísimo Pucho antes de brindar con el resto del grupo por «quemar las cosas que no nos gustan y mirar con esperanza al futuro».

No faltan las reivindicaciones vitales propias del discurso del grupo: «Estamos hartos de escuchar sentencias contra bomberos y gente que se juega por salvar vidas en el Mediterráneo; eso no crea un efecto llamada, que no se le dé la vuelta al cuento y se juzgue a quien no se debe juzgar, hablamos de protegernos los unos a los otros. Nosotros mismos tenemos un amigo a la espera de una sentencia por un desahucio inminente».

«El fuego lo hago yo» canta Pucho precisamente en 'Fuego', otra alineación de los astros esta noche. Las también recientes 'Guerra Civil', 'La vieja escuela' y '23 de junio' antes de la sucesión inapelable que se abre con toda la grandilocuencia de 'Al respirar' y continúa con la delicadeza de 'La deriva', el aluvión de 'Mapas', el ímpetu de 'Sálvese quien pueda' y el desparrame absoluto de 'Valiente'. Canciones que nos abren la puerta para que entremos a vivir en ellas. En soledad o, a poder ser, todos juntos todos a la vez.

El éxtasis comunal se convierte en Pucho corriendo entre la gente y el grupo explotando a su espalda con 'Te lo digo a tí' y 'Fiesta mayor' antes de los bises desplegando todo el esplendor de un escenario a la altura de las circunstancias y en el que la parte visual tiene también un poderío muy relevante. Aún hay tiempo para más con la reciente 'Consejo de sabios', posiblemente la mejor canción jamás escrita por Vetusta Morla, que consigue un silencio tan reverencial como inesperadamente íntimo.

'El hombre del saco' es básicamente el penúltimo trueno y el final se perfila con 'Los días raros', otra canción en el 'top 3' del grupo madrileño por lo que significa, lo que transmite y a lo que aspira. Y por cómo crece cada noche ante el público hasta el punto de reventar en inapelable epílogo. Vetusta Morla se despiden radiantes como ganadores de la «lotería del cosmos», en una noche que es que encima les salió todo lo bien que cualquiera querría. Cuando quien fuera proyectó la construcción de La Caja Mágica nunca jamás imaginó el significado que su aparcamiento tendría para la música española. Lo dicho: Mismo sitio, distinto lugar.

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