En los museos de Altamira, del Ejército y de La Rioja

E. ESPINOSA LOGROÑO

Las inquietudes artísticas de María Eugenia González Santos (Santander, 1981) se remontan a sus años de estudiante. Le marcó una de las profesoras de Arte, con quien empezó a descubrir el arte griego y romano. También las asignaturas de Latín y Griego le acercaron a las esculturas antiguas, «y eso fue lo que me hizo tirar por el mundo de la Historia y, en concreto, por el del Patrimonio Histórico-Artístico», comenta. Y lo hizo a pesar del escepticismo de su familia, vinculada a la abogacía y la empresa. «¿Pero eso para qué sirve?», le preguntaron en casa cuando anunció sus intenciones.

Desde el año 2009 es funcionaria del Cuerpo Facultativo Superior de Conservadores de Museos de la Administración General del Estado. Su andadura profesional comenzó en el Museo Arqueológico Nacional, donde realizó las prácticas en el departamento de Prehistoria. «De ahí di el salto al Museo Nacional de Altamira, muy vinculada siempre a la Prehistoria y en concreto al Paleolítico Superior. Luego me surgió la oportunidad de pasar al Museo del Ejército de Toledo, que me interesaba muchísimo a nivel profesional por diversificarme en otro tipo de colecciones y de cronología», relata. Su siguiente destino fue la Subdirección General de Publicaciones y Patrimonio Cultural del Ministerio de Defensa.

Desde octubre pasado, González Santos es Jefa de Servicio de Museos y Exposiciones de La Rioja, lo que la sitúa al frente no sólo del Museo de La Rioja, sino también del Museo del Torreón de Haro (dedicado al arte moderno) y de la Casa Encantada o Museo Etnográfico de La Rioja, en Briones.

Pero al margen del museo en el que se acomode, hay algo que tiene muy claro. «Hay que insistir mucho en que los museos custodian la memoria colectiva de todos y en que la gente identifique que, lo que hay aquí, hay que conservarlo, protegerlo y tener conciencia de su gran valor».

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