«Si quieres tocar bien a los 20, tienes que ser un genio a los 10»

El joven pianista logroñés Diego Ramírez Gomelsky toca una de los pianos de Amadeus Aula Creativa. / D.M.A.
El joven pianista logroñés Diego Ramírez Gomelsky toca una de los pianos de Amadeus Aula Creativa. / D.M.A.
Diego Ramírez Gomelsky | Pianista

El joven pianista logroñés actuará junto a Daniel Barenboim en Berlín para colaborar con el proyecto La Casa del Artista Mayor

DIEGO MARÍN A. LOGROÑO.

Afirma que quieren rodar un documental sobre él y piensa que es un «disparate»: «¿A quién le puede interesar mi vida?». El caso del joven pianista logroñés Diego Ramírez Gomelsky parece la viva historia de un genio de la música, de alguien nacido con talento pero que no encaja en las academias. Porque no logró finalizar sus estudios ni en el Conservatorio Profesional de Música de La Rioja ni en el Centro Superior de Música del País Vasco (Musikene), aunque perfeccionó su técnica en el Prieuré du Mesnil Saint-Martin (Francia). Actúa con frecuencia a dúo junto a Lyda Chen-Argerich y Daniel Barenboim cuenta con él para colaborar con el proyecto La Casa del Artista Mayor. Ha actuado como solista en Alemania, Austria, Suiza, Francia, Israel... admira a Schubert y lee a Hermann Hesse, incluso afirma haber leído seis veces 'El amor en los tiempos del cólera'. «Si quieres tocar bien a los 20, tienes que ser un genio a los 10», revela el pianista.

-¿Cuál es su formación musical?

-Empecé a tocar con mi padre, que sabe bastante de música. Mi hermana también es pianista. Viví un tiempo en Colombia y tuve un profesor gracias al cual pude obtener un gran desarrollo técnico, que es fundamental. Si quieres tocar bien a los 20, tienes que ser un genio a los 10 en algo tan físico como es un piano. Regresé a los 15 años y apenas estuve unos meses en el Conservatorio de Música, de ahí di el salto a Musikene. Mi ritmo de trabajo era distinto porque ya tenía un repertorio y había tocado con orquesta en bastantes conciertos. Mi idea era que lo normal era eso, pero con esa edad no me enteraba de lo que hacía.

«Siempre he sentido que no me trataban con normalidad y eso es algo que no he aguantado»

-¿No ha logrado acabar los estudios musicales que ha iniciado?

-Entré como una especie de niño prodigio en Musikene y tuve muchos problemas. El primer año recibí una beca para estudiar en Francia, pero después tuve problemas personales y dejé de ensayar lo suficiente, me dio una crisis. Cumplía años, ya tenía 18, y sólo tocaba el piano, era como una máquina, no hacía otra cosa, por eso me empecé a desesperar. Además, estaba solo en San Sebastián, no veía a mis padres, vivía con otros dos chavales más mayores que yo en un piso y tenía que cocinar, lavar, planchar... de lo que no tenía ni idea porque ni siquiera fui al colegio. Cuando vivía fuera me otorgaron una dispensa escolar para dedicarme en exclusiva al piano. Con 18 años vi que lo único que hacía bien era tocar el piano. Me dio la venada y quise dejarlo.

-¿Y no finalizar esos estudios no cree que le puede resultar un problema a nivel profesional?

-A mí me parece que el problema lo tienen quienes terminaron esos estudios. Las expectativas de lo que es tocar son bastante irreales. Cuando una persona se dedica a la música, entiendo yo, lo hace por vocación, porque te emociona lo que tocas y quieres hacer música. El mundo de las calificaciones no tiene nada que ver con la música y muchos de mis compañeros, muy empeñosos, que estudiaban muchísimo, tenían ese enfoque del Conservatorio: sacar buenas notas, buscar la aprobación de los profesores creyendo que con eso harían una gran carrera.

-Pero no todos tienen su talento...

-Si vas a Rusia, a China o a Corea encuentras a mil estudiantes de 10 años sin un gran talento pero con un dominio físico del instrumento. Quizá sea algo más oriental, porque aquí, en Europa, parece que dominar la técnica es algo contraproducente que atrofia la musicalidad, cuando es lo contrario. Aquí se empieza la casa por el tejado. Un niño con 5 años puede tener instinto pero no es artista, hay que dominar la materia. Tampoco yo considero que tenga un gran talento, aunque hayan pasado cosas que, de cara a la galería, parezca que sí. Mi trayectoria ha sido distinta. Si quieres tocar bien un repertorio, si quieres tocar la fibra del público, hay que tener una base intelectual... En un solo concierto junto a Lyda Chen-Argerich aprendí más que en todo el tiempo que estuve en San Sebastián.

-¿Y cómo adquirió usted esa base intelectual?

-Alejándome del piano.

-¿Nunca se ha arrepentido?

-Siempre he sentido que no me trataban con normalidad y eso es algo que no he aguantado. Me tratan como si fuera especial y, quizá, por compensación, me comporto como un gamberro, dejo de ir a clase... No era un vago, todo lo contrario. Mi profesor Miguel Ituarte me dio muchas clases fuera de horario porque entendió que yo venía de trabajar con una forma distinta, lo respetó y me dedicó mucho tiempo. No me arrepiento porque la forma de trabajar me parecía muy superficial. No puedes preparar los 'Preludios' de Chopin en unos meses, cuando a él le costó años componerlos.

«El lado filosófico»

-¿Cómo contactó con Daniel Barenboim?

-He tocado bastante en Salzburgo, donde le conocí. Siempre me ha interesado mucho el lado social del trabajo, cómo tocar el piano, por ejemplo, puede tener una finalidad social. Junto a la Asociación de Desarrollo Humanitario, Intercultural y Económico creamos el proyecto La Casa del Artista Mayor, para las personas de la tercera edad que nunca han tenido acceso a la cultura. Es un poco utópico, pero ya está en marcha. Gracias a ese proyecto he podido tener una relación más distinta con músicos que admiro como Daniel Barenboim y Martha Argerich. Yo no me siento realizado si no es con este tipo de cosas.

-¿Actuará junto a Barenboim?

-A Daniel le gustó mi manera de tocar. Primero hice una audición en el 2016, después de que me extrajeran tres muelas del juicio. Me dieron todas las facilidades allí y la idea es hacer una serie de conciertos para recaudar fondos para La Casa del Artista Mayor. En primavera tocaré en Berlín con él.

-¿Y qué supone para usted tocar con Daniel Barenboim?

-Si hago un buen trabajo, superando la parte técnica y el lado filosófico del repertorio (preparé cinco conciertos enteros de Mozart), puede suponer un trampolín para mi carrera, sobre todo a nivel artístico.

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