La metamorfosis del dragón chino a través del arte

Un hombre observa 'El teatro del mundo', del artista Huang Yong Ping. :: MIGUEL TOÑA / Efe/
Un hombre observa 'El teatro del mundo', del artista Huang Yong Ping. :: MIGUEL TOÑA / Efe

De la revolución a la globalización, el Guggenheim explora en Bilbao la expansión de la galaxia plástica del gigante asiático

MIGUEL LORENCI MADRID.

La milenaria China es una joven galaxia artística en expansión. Tuvo su 'big bang' en 1989, el año de la masacre de Tiananmén y de una eclosión del arte conceptual que cercenó de raíz el implacable Gobierno chino. Su punto de no retorno llegaría en 2008, con la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín. La China 'capitalocomunista' mostró al mundo su poderío como potencia económica, política, militar, tecnológica y, desde luego, artística. Un explosivo viaje de la revolución a la globalización en menos de dos décadas que recrea la compleja, ambiciosa y controvertida exposición 'Arte y China después de 1989: El teatro del mundo' que el Museo Guggenheim de Bilbao acoge hasta septiembre.

Es la mayor dedicada al pujante, experimental y globalizado arte chino y generó mucha polémica en Nueva York, donde se vio autocensurada el año pasado. Se retiraron tres piezas muy contestadas, dos de las cuales sí están en Bilbao: 'El teatro del mundo', «una metáfora de la humanidad y sus luchas», según su autor, Huang Yong Ping, y el vídeo 'Un ejemplo de trasferencia'.

Insectos, reptiles, serpientes y galápagos comparten combativos un terrario en la primera. La otra es un vídeo de Xu Bing realizado hace tres décadas en el que dos cerdos pintados con pictogramas y letras del alfabeto latino copulan ante una curiosa audiencia a la que se muestra «la unión de Oriente y Occidente». Ni estuvo en Manhattan ni está en Bilbao otro vídeo de Sun Yuan y Peng Yu en el que ocho perros pitbull sujetos por arneses se desafían mientras corren sobre cintas gimnásticas.

La comisaria de la muestra, Alexandra Munroe, decidió mostrar en Bilbao lo que autocensuró en Nueva York, «desactivando las piezas», dice, ante la presión de animalistas y otros colectivos que reunieron más de 800.000 firmas acusando al museo neoyorquino de mostrar violencia contra los animales. Unas protestas que quizá se repitan en España. «No maltratamos animales, les prestamos la mayor atención y cuidado», anticipa categórico Juan Ignacio Vidarte, director del museo bilbaíno.

La exposición se centra en la experimentación artística de un período «caracterizado por el final de la Guerra Fría, el comienzo de la globalización y el auge de China como potencia mundial», precisa Munroe, conservadora de Arte Asiático del Guggenheim neoyorquino. Su propuesta desvela «el papel de los artistas contemporáneos chinos en la creación de una nueva escena artística global».

En sus seis secciones conviven performances, pintura, fotografía, instalaciones y vídeos de los artistas chinos más relevantes y osados. Los hay bien conocidos, como Ai Weiwei o el explosivo Cai Guo-Qiang, pirotécnico de la olimpiada pekinesa, pero la mayoría son perfectos desconocidos para el gran público, aunque estén entre los más vendedores del mundo, como Qi Baishi, Zhang Daqian, Fu Baoshi y Zao Wou-Ki.

Unos creadores que son «observadores críticos» y «agentes en la eclosión de China como potencia mundial en el contexto de la historia del arte global». Son 60 artistas, grupos y movimientos «que con sus provocaciones aspiran a forjar una realidad libre de ideología, a reforzar el papel del individuo frente al colectivo y a definir la experiencia contemporánea en China bajo una perspectiva universal», resume Munroe. Aportan más de 120 obras procedentes de la colección Guggenheim y de instituciones y colecciones.

La exposición toma el título de 'El teatro del mundo' (1993), instalación de Huang Yong Ping presentada en Stuttgart en 1993 y complementaria de 'El puente' (1995). Como un agujero negro, este festín zoológico atrae toda la atención. La pieza, una jaula con muchas especies de insectos y reptiles, «es una metáfora viviente de la naturaleza moderna, de los conflictos humanos y del caos de la era de la globalización», según su autor. Un «panóptico» inspirado «en la cosmología y la magia taoístas y en las teorías de Michel Foucault sobre la modernidad como prisión y los debates sobre los males de la globalización», apunta Yong Ping, artista residente en París, donde el Pompidou vetó una pieza expuesta sin problemas en China.

El museo ha contratado a especialistas que cuidan y alimentan a los escarabajos, cucarachas, grillos, lagartijas, salamandras, serpientes, sapos, tarántulas, escorpiones y tortugas de una instalación «fundamental para comprender el arte conceptual y experimental chino», según los comisarios. «Somos sensibles al trato hacia los animales», dice Vidarte, anticipándose a las denuncias de ecologistas y animalistas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos