La ELA mata al actor y escritor Sam Shepard a los 73 años

Candidato al Oscar y ganador del Pulitzer como dramaturgo, sus obras revelan las sombras y miserias del sueño americano

DAVID VILLAFRANCA LOS ÁNGELES.

Su mirada dura y afilada, su presencia imponente como la de un 'cowboy' crepuscular pero intrépido, y su alergia a la fama modelaron la figura de Sam Shepard, uno de los grandes dramaturgos estadounidenses de las últimas décadas y un actor muy apreciado. Ganador del Pulitzer en 1979 por su obra teatral 'Buried Child' (Niño enterrado) y candidato al Óscar al mejor actor de reparto por el filme «Elegidos para la gloria' (1983), Shepard falleció el jueves a los 73 años en su rancho de Kentucky por complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). «Estaba con su familia en el momento de la muerte», dijo su portavoz.

Su despertar artístico tuvo lugar en los años 60 en Nueva York , un hervidero cultural en el que Shepard comenzó a hacerse un nombre escribiendo obras dentro del circuito alternativo y rupturista del 'Off-Broadway'. Con más de 40 títulos, la obra de Shepard destaca por su profundidad a la hora de revelar las sombras y miserias del sueño estadounidense. El derrumbe de la familia, el hundimiento de la América profunda y la soledad trágica de la vida rural fueron algunos de sus temas preferidos en obras como 'Buried Child', 'Curse of the Starving Class' y 'A Lie of the Mind'.

Aunque nunca dejó de lado el teatro, poco a poco empezó a encaminar sus pasos hacia el cine, donde como autor firmó los guiones de las cintas de culto 'Zabriskie Point' (1970), de Michelangelo Antonioni, y 'Paris, Texas' (1984), de Wim Wenders. Pero fue como actor en la pantalla grande como se ganó el respeto y aprecio del gran público gracias a sus papeles en largometrajes como 'Días de gloria' (1978), 'Elegidos para la gloria' (1983), 'Magnolias de acero' (1989), 'El informe Pelícano' (1993), 'Black Hawk derribado' (2001) o 'El diario de Noa' (2004).

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