Manuel de Orovio, un moderado en territorio progresistas

Panorámica de Alfaro, ciudad natal de Orovio, fotografiada por el prestigioso Laurent en 1865. :: ayuntamiento de alfaro / museo vivanco

Esta semana se han cumplido 200 años del nacimiento en Alfaro del parlamentario y ministro conservador con más peso en La Rioja del siglo XIX, que plantó cara a Espartero, Olózaga y Sagasta

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

Dos siglos se cumplieron el pasado lunes del nacimiento de uno de los hijos más ilustres de Alfaro y, también, uno de los estadistas más relevantes de la España del siglo XIX. Manuel de Orovio y Echagüe vio la luz en la ciudad riojabajeña el 17 de julio de 1817, en el seno de una familia de alcurnia y posibles. Si bien el pasado 26 de mayo presentó el Museo de La Rioja la adquisición de un magnífico retrato de Orovio, pintado al óleo por Federico Madrazo, no estaría de más que su tierra natal aprovechara la efeméride para recordar la vida y la obra política de un personaje no demasiado conocido, por desgracia, ni por sus propios paisanos.

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Tras aprender sus primeras letras en Alfaro, cursó Manuel de Orovio los estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza, época en la que se afilió al Partido Moderado. De regreso, fue nombrado alcalde de su ciudad con apenas 26 años. Gran seguidor del general Ramón Narváez, líder conservador, jefe del Gobierno y acérrimo enemigo del progresista Baldomero Espartero, Orovio se alistó de forma voluntaria en la fuerza reunida para sofocar la insurrección encabezada por el general de Varea Martín Zurbano en otoño de 1844.

El marqués de Orovio fue alcalde de Alfaro, diputado a Cortes, senador vitalicio y varias veces ministro

Capturado en Ortigosa el militar de Varea y fusilado en la tapia del logroñés convento de Valbuena el 21 de enero de 1845, recibió Orovio de la reina Isabel II la Cruz de Caballero de la Real Orden Americana de Isabel la Católica por «contribuir a la destrucción de la partida que acaudillaba el rebelde Zurbano», según consta en el Boletín Oficial.

Al año siguiente, fue designado Orovio y Echagüe diputado provincial, hasta que en 1850 dio el saltó a la política nacional al obtener su primera acta de parlamentario en el Congreso de los Diputados. Y es que el alfareño se convirtió en uno de los políticos que más veces representó a la entonces provincia de Logroño en las Cortes Españolas del siglo XIX -resultó elegido diputado hasta en diez comicios entre 1850 y 1879-, pese a que siempre tuvo enfrente a la mayoría progresista y a rivales de la talla de Salustiano Olózaga, el general Espartero o Práxedes Mateo Sagasta. Es más, a Orovio le tocó pelear con Olózaga las actas al Congreso por el distrito de La Rioja Baja, cuya cabeza de partido era Arnedo, y jugarse el triunfo frente a un político con gran carisma y fuerte tirón electoral.

La carrera política de Orovio, una vez instalada su residencia en la capital de España, fue meteórica. En 1858 recibió el nombramiento de gobernador civil de Madrid y, siete años más tarde, Narváez lo designó titular de la cartera de Fomento, en sustitución de Alcalá Galiano. Y aunque apenas permaneció seis meses en el cargo, tras la llegada a la presidencia de Leopoldo O'Donnell, volvería a dirigir el ministerio entre julio de 1866 y abril de 1868.

Grabado con el retrato de Manuel de Orovio y Echagüe, publicado en la revista ‘La Ilustración Española y Americana’. Arriba, firma del político alfareño. :: M.I.V. y Senado

Designado senador vitalicio, la reina Isabel II le concedió en 1868 el título de marqués de Orovio. Ese mismo año, ocupó la cartera de Hacienda hasta que la Revolución de Septiembre, llamada la 'Gloriosa', lo apartó del Gobierno y, temporalmente, de la actividad política. Aprovechó Orovio este impasse para visitar Alfaro con mayor frecuencia y administrar el vasto patrimonio que poseía en La Rioja.

Tras la caída de la I República, regresó el aristócrata riojano al Ministerio de Fomento, en el primer Gobierno de la Restauración formado por Cánovas del Castillo. Pero, como ya le ocurriera en su anterior etapa, se enfrentó a los profesores universitarios a través del famoso 'Decreto Orovio', que cercenaba la libertad de enseñanza y de cátedra, y demonizaba progresos científicos como la teoría de la evolución de Darwin: «El Gobierno no puede consentir que en las cátedras sostenidas por el Estado se explique contra un dogma que es la verdad social de nuestra patria».

Brillante labor realizó, sin embargo, el ilustre alfareño como ministro de Hacienda (1877-1880), ya que actualizó el pago de los haberes a las clases dependiente del Tesoro, al que proveyó de recursos permanentes, agilizó el sistema de recaudación, controló la conversión de los Bonos del Estado y redujo sobremanera el déficit del presupuesto nacional.

Retirado de la política y afectado por una grave enfermedad, falleció en Madrid el 18 de mayo de 1883. Cumpliendo sus últimas voluntades, el cuerpo de Orovio fue embalsamado y trasladado a su ciudad natal, donde recibió cristiana sepultura en el panteón familiar. Las exequias fueron una gran manifestación de cariño por parte de sus paisanos.

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