MANOS A LA OBRA

MANOS A LA OBRA

JONÁS SAINZ

Jornaleros que habéis cobrado en plomo sufrimientos, trabajos y dineros. Cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros...' Como Miguel Hernández, que estaba destinado a ser cabrero y, contra todo, fue perito en lunas, otros no pocos artistas trabajan duro en su modesto andamio, hambre y cebolla, para mantener alta la frágil poesía. También los jornaleros del teatro, desde los tiempos de las corralas a las eras digitales, también los cómicos humildes que nunca pisarán alfombras rojas ni se cubrirán de oro, también ellos han de batirse el cobre para sacar cuatro cuartos y no morirse de asco ni renunciar a sus sueños. Y siendo los garbanzos lo primero, los hay que no olvidan que su arte es antes incluso que el puchero. Que también hay cigarras cantoras laboriosas como hormigas. Que llega el invierno y también ellas tienen un nudo en el estómago y el corazón en un puño.

Con hambre de poesía y puños de trabajador, los cómicos proletarios de Ultramarinos de Lucas ponen manos a la obra por aquello en lo que creen: por la palabra, por la música, por la comedia que se convertirá en tragedia, por Shakespeare, por Romeo y por Julieta. Por el teatro. Y la poesía, sobre todo por la poesía del teatro. Por el amor en medio de Capuletos y Montescos. Y en medio del ruido prosaico que hacen las espadas y las televisiones y los teléfonos y todos los cacharros estúpidos que nos hacen más estúpidos aún, ellos componen un poema dramático con poco más que sus manos, 'Romeo & Juliet'.

Siendo gentes de lenguas, amantes de la del bardo inglés y de la del Quijote, Juan Berzal y Jorge Padín se han arremangado como artesanos dispuestos a laborar en un alfar de palabras de barro. Y al mirarse las manos desnudas han visto el modo de tomar las de Shakespeare y traerlo de vuelta. Las manos. Manos que imploran, que matan, que perdonan o rezan, manos que acarician... Las manos recorren el texto por todos lados: el conde Paris pide la mano de Juliet, el Príncipe sentencia las sangrientas manos de las familias, es la mano de Romeo la que conoce a Juliet, el fraile une las manos de los amantes en la boda, Juliet encuentra la mano de Romeo envenenado... Y a partir de esas manos han concebido una original y didáctica puesta en escena con Padín en solitario manipulando como títeres sus propias manos.

Sus manos, las muñecas, los codos y hasta los hombros, cada uno de sus brazos, cuidadosamente vestidos por Martín Nalda, dan vida a los personajes principales del drama, hábilmente estructurado en una sucesión de escenas a dúo. La fiesta de máscaras, un duelo a espada, la escena del balcón... Entre dos celosías y una mesa, y mediante un evocador juego de unos pocos objetos, todos los escenarios de los amantes de Verona van surgiendo sin dificultad en la imaginación del espectador y la acción transcurre impulsado por un aliento distinto a una puesta en escena convencional. La hermosura de Juliet y Romeo haciendo el amor, dos simples manos desnudas sobre una sábana roja, trémulas como principiantes enamorados -'dejemos que los labios hagan como las manos'-, acaricia lo que palpita en los versos de Shakespeare.

Es difícil alcanzar tanta poesía con poco más que las manos. Pero son manos de jornalero, son manos de poeta. Está en buenas manos.

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