Maestro de la guitarra en la escuela

Pablo Sáinz Villegas, ayer  con los escolares y profesores del Siete Infantes. :: / JUAN MARÍN
Pablo Sáinz Villegas, ayer con los escolares y profesores del Siete Infantes. :: / JUAN MARÍN

Pablo Sáinz Villegas emplea la música para hablar de valores y emociones en sendos colegios de Logroño y Calahorra

J. SAINZ

logroño. La música se compone de ritmo, melodía y armonía, pero también de corazón. Pablo Sáinz Villegas explica lo primero de palabra y lo segundo, con el ejemplo. El guitarrista riojano, el artista más internacional nacido en esta tierra, demuestra ser un maestro en los mayores auditorios del mundo pero también en las pequeñas escuelas. Muy grande en sus conciertos y más grande aún en sus iniciativas solidarias y didácticas, ayer volvió a impartir una de sus lecciones magistrales con la música como mensajera. Lo hizo en el Colegio Siete Infantes de Lara, de Logroño, y hoy repite en el Ángel Oliván, de Calahorra, ante 450 y 217 escolares respectivamente. Valores humanos y emociones son siempre sus enseñanzas.

Después de tocar en Viena, en el Teatro Real de Madrid, en los eventos Grammy en Nueva York y con Plácido Domingo ante más de 45.000 espectadores en el Estadio Nacional de Chile, Sáinz Villegas se encuentra de regreso en su Rioja natal para ofrecer tres conciertos en Haro, Calahorra y Logroño (días 4, 9 y 16 de marzo). Pero antes, como ya ha hecho en ocasiones anteriores, se está dedicando a los niños.

Desde 2007, más de quince mil escolares, especialmente chicos de áreas marginales de Tijuana y otras ciudades mexicanas de la frontera con Estados Unidos, han escuchado el mensaje del Legado de la Música Sin Fronteras, su fundación personal en favor de la cultura y la integración. En los últimos años también ha dado charlas didácticas en colegios riojanos como el Varia, Navarrete el Mudo, San Francisco, Caballero de la Rosa, Las Gaunas y Bretón. Esta vez los ganadores por votación popular han sido el Siete Infantes y el Ángel Oliván.

La operación triunfo de Pablo

Ayer lunes, en el Siete Infantes, la semana no podía comenzar mejor. Pablo fue recibido a primera hora con más entusiasmo que su si fuera el ganador de OT. Y, de hecho, la jornada fue toda una operación triunfo para el centro, enteramente volcado en vivir una experiencia única junto a una maestro excepcional. «Es un orgullo tener con nosotros a un artista internacional riojano, pero sobre todo a una gran persona», anunció el director, Panti Ruiz de la Cuesta, al casi medio millar de alumnos de entre tres y doce años congregados en el polideportivo junto a sus profesores.

El Siete Infantes se precia de ser un colegio que concede a la música el protagonismo que merece, más allá de lo estrictamente académico, y lo demostraron con un recibimiento digno de la ocasión. Dirigidos por Estrella y acompañados por otras profesoras, los alumnos de Sexto, interpretaron una bienvenida con su propia versión del popular tema 'Despacito' con flautas, violines, percusión y muchas guitarras, el instrumento del día.

La guitarra española, uno de los instrumentos más populares, adquiere en manos de Sáinz Villegas un gran poder de inspiración; ocurre en sus conciertos, pero también en estos encuentros sencillos que él convierte en mágicos. Pablo cuenta a los chavales cómo empezó a tocar siendo un niño de seis años como cualquiera de ellos. Cuenta que el instrumento era casi más grande que él pero que no se dejó intimidar. Siempre animado por sus padres y guiado por sus maestros, perseveró y trabajó; tanto trabajó, cuenta, que de tanto estirar la mano izquierda sobre los trastes, le creció más que la derecha. Y con anécdotas así, Pablo da uno de sus consejos: «Cualquier cosa que queráis hacer, cualquier sueño, se puede conseguir; primero hay que imaginarlo y luego trabajar un poco cada día».

También ofrece unas nociones básicas de música llevándolas a la práctica: con el 'Romance anónimo' explica qué es melodía; con una sevillana, la armonía; y con la percusión de la jota de Tárrega, el ritmo. Y con 'Recuerdos de la Alhambra', del mismo autor, cuenta la historia de ese lugar y ocho siglos de convivencia entre culturas diferentes. Y con el tremolar de sus dedos sobre las cuerdas, evocando el arrullo de las fuentes del palacio granadino, Pablo enseña a «compartir lo que somos y nuestras diferencias». «En la vida -dice- no hay una cosa que sea más bonita que otra».

Para terminar, un grupo de jóvenes periodistas del colegio entrevistó al artista y finalmente unos y otros se intercambiaron obsequios para el recuerdo. Pero lo que probablemente no olviden los niños (ni los mayores) es la lección de humildad y generosidad de este gran maestro: «Me encanta inspirar a través de la música y hacer junto al público algo mágico. Sois vosotros los que dais sentido a la música: participar de la música disfrutándola de corazón».

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