Madre Teresa de Calcuta, marca registrada

Misioneras de la Caridad rezan en honor a Teresa de Calcuta. /  JAYANTA SHAW
Misioneras de la Caridad rezan en honor a Teresa de Calcuta. / JAYANTA SHAW

Controversia en el Vaticano después de que las Misioneras de la Caridad quieran cobrar derechos por la imagen del hábito de la religiosa

R. C.

roma. La congregación de Misioneras de la Caridad ha decidido recientemente registrar como una marca el hábito de la Madre Teresa de Calcuta, una cuestión polémica hasta el punto de que el Papa podría llegar a pronunciarse al respecto. «Santa Madre Teresa de Calcuta es un símbolo universal, amada por los creyentes, los no creyentes, los que creen de forma distinta», declaró ayer el cardenal José Saraiva Martins, de 85 años, exprefecto de la Congregación de las causas de los santos, tras conocer los planes de las religiosas, de los que informa el número del semanario italiano Panorama que aparecerá mañana.

El alto prelado se enteró hace unos días, a través de la agencia oficial de las obras pontificias misionales AsiaNews, de que las autoridades indias han dado su permiso para que las Misioneras de la Caridad de Calcuta registren los derechos del hábito, característico de la Santa Madre desde que empezó a vestirlo a mediados del siglo pasado. Con esta inédita medida, cualquiera que utilice la imagen del hábito blando -como los que usan las mujeres más pobres de la India- y orlado de azul, en el formato que sea (fotos, películas, libros, etc) tendrá que pagar lo que corresponda. «Es absurdo que por su sari blanco con ribetes azules uno tenga que pagar tasas», dijo monseñor Saraiva Martins. «Esto no honra la memoria de la santa».

Al parecer, el cardenal no ha sido el único en indignarse a raíz de este caso, ya que otros prelados han mostrado su desaprobación. Convertido en «el uniforme» de las Misioneras de la Caridad por todo el mundo, el sari de la Madre Teresa representa la pureza con el color blanco, y sus tres ribetes azules aluden a la pobreza, la castidad y la obediencia.

Fallecida en 1997 en Calcuta a los 87 años, la albanesa y naturalizada india Anjezë Gonxhe Bojaxhiu dedicó su vida a los pobres y a los enfermos y expandió su congregación del subcontinente indio a otros países del mundo. Fue galardonada en 1979 con el premio Nobel de la Paz en reconocimiento por su ayuda a los más necesitados y en su discurso de aceptación instó a los presentes a «encontrar a los pobres del mundo en la propia casa, antes que en cualquier otro sitio».

En 2003, el papa Juan Pablo II la beatificó y trece años más tarde, el día 4 de septiembre de 2016, el papa Francisco ofició en Roma su canonización.

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