¿QUIÉN SE HA LLEVADO A MI HIJA?

La Filmoteca proyectó ayer 'Foxtrot'. :: s. tercero
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La Filmoteca proyectó ayer 'Foxtrot'. :: s. tercero

Segunda proyección matinal. Otra vez, palabras mayores. Es lo que hay: una gran película rugosa y algo tremendista. 'Pororoca', escrita y dirigida por el realizador rumano Constantin Popescu. Se exhibió en la sección a concurso del festival de San Sebastián. Cosechó clamores y obtuvo muy buenas impresiones por parte de los informadores cinematográficos. El jurado internacional la premió con la Concha de Plata a la mejor interpretación masculina para Bogdan Dumitrache. Cuando vean este impactante trabajo de Bogdan avalaran sin oponer resistencia el galardón. Merecido.

'Pororoca', en el lenguaje ingenioso e infantil de la niña María, pieza clave de esta singular producción, es una fusión de pis y caca. Tan simpática definición encierra, sin embargo, una cruel tragedia insondable al inicio de la narración. Tudor Ionescu (Bogdan Dumitrache) está felizmente casado con Cristina (Lulia Llumanare). Tienen dos hijos de corta edad, María e Ilie. Su línea de confort y seguridad es total. Pero...

Doy paso al momento magistral de 'Pororoca'. No desvelo nada. Sólo me deshago en halagos hacia el magnífico plano secuencia que abre el cruel descenso a los infiernos de Tudor. Dura unos quince minutos. La coreografía del movimiento de todos los personajes es transparente y natural. Muy elaborado y eficaz. Un parque de Bucarest. Tudor ha llevado a sus hijos para que se distraigan. El se sienta en un banco y atiende una llamada que le ha entrado en el móvil. El objetivo de la cámara, con bastante profundidad de campo, capta dos tramas simultáneas. La mirada del espectador y su oído atiende la conversación sin interés de Tudor y presta atención a un rifirafe dialéctico entre dos mujeres talluditas que reprochan a un joven que no lleve el perro atado con la correa. Mientras tanto, por delante del foco pasan niños que van y vienen, entre ellos María e Ilie. Al cabo de un rato, María desaparece. ¿Qué ha pasado? Tudor, fuera de sí, no la encuentra. Nadie la ha visto. Su descuido, además de la infructuosa investigación de la policía, le va a causar no sólo un inclemente trauma sino la acusación de inútil por parte de su entorno familiar. Pero su infortunio y desesperación acaba de empezar. ¿Las consecuencias? Mejor pasen por la sede de la Filmoteca y contemplen el equivalente a la desgraciada distracción: el horror.

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