«En literatura ya no hay vanguardias»

El escritor Luis Javier García presenta hoy en Logroño su segundo libro. :: miguel herreros/
El escritor Luis Javier García presenta hoy en Logroño su segundo libro. :: miguel herreros

Luis Javier García presenta hoy en el Café Moderno 'El estudiante de San Millán enamorado', una defensa del idioma en el fondo y en la forma

M. SOBRINO LOGROÑO.

Luis Javier García es también Javier Osés, nombre adquirido más por azar que voluntad para firmar unas obras que son en sí mismas férreas defensoras de la belleza y exuberancia de la lengua. Hoy presenta 'El estudiante de San Millán enamorado' y, como el protagonista de la novela, en su prosa se descubre una pasión por las letras que le lleva a «exprimir las palabras» hasta «sacarles su aroma». Y como no hay campo más sufrido que el amor ni figura más torturada que el amante -aunque sea hacia las letras-, García desvela también, en conversación con este diario, un profundo desencanto hacia una literatura que considera hoy en día «el arte menos evolucionado».

-Su novela se yergue en defensa del español desde que elige San Millán como escenario clave en la historia.

-El fin con el que la escribí fue señalar San Millán como lugar de origen del castellano, pero sobre todo vincularlo con la producción literaria, porque se ha hecho mucho en investigación filológica pero poco en el ámbito de la producción. Mi novela es una apuesta hacia la lengua y también una forma de abrir la puerta a que se escriba ficción sobre San Millán y que esa ficción sea de calidad.

«En nueve años he leído 800 libros y no he visto formas de escribir diferentes»

«Mi novela es una llamada a recuperar la solidaridad y la lucha por la cultura»

«Hay que cambiar el método de enseñanza en literatura para enamorar más que educar»

-Un alegato tanto en forma como en fondo...

-Basado en buscar la riqueza del idioma, adjetivar, exprimir las palabras y sacarles el jugo, el aroma, saborearlas. Las nuevas generaciones están acostumbradas a una literatura más liviana, porque ahora sólo se trata de vender y para ello se ha vulgarizado mucho el estilo, se ha simplificado. Se va siempre a una fórmula de éxito y a quien no sigue esas normas, no le publican. Ya no hay vanguardias literarias. Las editoriales buscan a quien pueda vender. Y que sea joven.

-¿Por qué buscan escritores jóvenes?

-Quizá porque a los jóvenes los educan las editoriales ya en la literatura masticada. En nueve años, yo he leído ochocientos libros de nuevos escritores y aunque he aprendido fórmulas o técnicas para enganchar, no he visto formas de escribir diferenciadas. Si quitas la firma de los libros, no te sé decir quién es, pero en cambio me pones algo de Paco Umbral y en tres líneas lo identifico. No hay estilos propios y lo mismo ocurre con los premios literarios. Antes descubrían talentos, ahora premian a los de casa.

-¿Viene esta vulgarización de un deseo de adaptarse a la demanda existente?

-Una vez que se ha creado esta escuela, los lectores la demandan, porque fuera de ahí se sienten incómodos, no les gusta. Desde que la literatura se convirtió en una empresa, lo único que importa es sacar dinero y esto se da desde el último cuarto del siglo XX. Ahora es el arte menos evolucionado y la buena literatura hay que buscarla en las pequeñas editoriales, porque publican por amor a lo que hacen.

-En este contexto, ¿cuánto importante es leer a los clásicos?

-Muchísimo. Al niño hay que educarle en la literatura atractiva, adaptando la lectura de los clásicos a su edad. Así le das lecturas de calidad ceñidas a cada etapa de la vida. Julio Verne o Emilio Salgari son grandes escritores para la juventud. Hay que cambiar un poco el método de enseñanza de la literatura para, más que educar, conseguir enamorar con la lectura.

-¿Sale la buena literatura siempre desde el respeto?

-Aparece desde el respeto y el cariño a la lengua. Los que escribimos así aspiramos a hacer lo que nos gusta y en este caso, mi aspiración era esa defensa de la belleza del castellano y de San Millán como centro de producción literaria. Pero también había una tercera pata en la novela, que era hablar de la ética además de la estética. De la ética del mundo en el que vivimos, con una España con cuarenta años de democracia con un balance muy negativo, con corrupción y pelotazos urbanísticos. Pero no por ello es una novela pesimista, sino que es una llamada a recuperar la solidaridad, la igualdad, la lucha por conquistar la cultura.

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