La lista del padre Olarte

Biblioteca del monasterio de San Millán de la Cogolla.
Biblioteca del monasterio de San Millán de la Cogolla. / Justo Rodríguez

Jonás Sainz
JONÁS SAINZLogroño

Aparte de ser origen de los Códices Emilianenses y sus célebres Glosas, en posesión de la Real Academia de la Historia, la grandeza de la biblioteca de San Millán de Yuso se debe más al valor único de algunas obras que en ella se guardan que al número de volúmenes. La sala y su artística estantería atesoran casi quince mil, según calculaba el padre Juan Bautista Olarte, su cuidador durante muchos años.

Entre los siglos XII y XIII se produjo en muchos monasterios como San Millán una intensa labor de copia de los más importantes manuscritos guardados en sus bibliotecas, especialmente los de vidas de santos, biblias y textos históricos. Con el transcurso del tiempo, en los centros dependientes del cenobio emilianense, que cada vez contaba con más posesiones, la conservación de códices antiguos no ofrecía especiales alicientes, por lo que, en más de una ocasión, fueron remitidos probablemente a San Millán para incorporarlos a la biblioteca central.

«El secreto consiste en respetar al máximo el espíritu del libro», afirma Ana Jessen

Desde el año 1835, en el que fueron exclaustrados del monasterio los monjes benedictinos, hasta el 1878, en el que se instalaron los agustinos recoletos, fueron numerosos los saqueos y despojos de que fue víctima el cenobio desamortizado. Cuando llegaron, la biblioteca estaba prácticamente vacía. Los agustinos fueron recobrando muchos libros que habían desaparecido y hoy en día la biblioteca, aunque no está tan completa como antes, posee una verdadera riqueza de libros antiguos.

Pero muchos de ellos se encuentran en mal estado. La mayor parte de los daños que sufren no se debe a las condiciones de conservación en la biblioteca de Yuso, donde el frío y la oscuridad minimizan la presencia de xilófagos y los efectos dañinos de la luz, sino a los desperfectos sufridos precisamente fuera de los muros del monasterio.

El padre Olarte, el mejor conocedor de esta biblioteca, hoy ya retirado, fue redactando en los últimos años una larga lista de los volúmenes que precisan restauración urgente en función de su valor y estado de conservación. Desde finales de 2003 se lleva a cabo gracias a la colaboración de la Fundación San Millán, primero con Altadis, luego con Endesa y desde 2013 con Fundación Iberdrola, y con la conformidad de los Padres Agustinos y la Comisión de Patrimonio Histórico-Artístico de La Rioja.

Ana Jessen en la biblioteca de Yuso.

Se hace paulatinamente, con el fin de no sacar demasiados ejemplares de una sola vez, pero así han sido restaurados ya unos cuatrocientos libros. Desde el primer momento se contrató para ello a Ana Jessen por un trabajo de reconocido prestigio y calidad que ha corroborado con creces.

«El secreto consiste en respetar al máximo el espíritu del libro», confiesa la experta en cuyas manos hoy siguen depositando su confianza el prior del monasterio, Pedro Merino, y el viceprior Jesús Lerena. «Se han ido restaurando muchos libros de gran valor -cuenta Merino-, ediciones de la Biblia, comentarios teológicos, breviarios de los monjes, obras clásicas... Es una labor muy importante porque la biblioteca es un gran tesoro de San Millán».

Son quienes van dando salida a la lista de Olarte. Aún quedan libros por recuperar, pero poco a poco la biblioteca de Yuso se pone a salvo.

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