«La literatura se contamina de anormalidad política en Latinoamérica», dice Sergio Ramírez

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez./Juan Carlos Hidalgo (Efe)
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

«Quiero ver los andamios de cada capítulo del 'Quijote'» confiesa el último ganador del Premio Cervantes. «Nada ha cambiado en Cuba, la estructura política del castrismo sigue intacta», dice el escritor nicaragüense

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Cree el escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) que la literatura latinoamericana «está contaminada de anormalidad política». Que con el paso del tiempo es incapaz de liberarse de esa carga y que «en sus obras capitales persiste esa anormalidad del poder que se refleja en la figura del dictador, desde el 'Tirano Banderas' de Valle Inclán hasta 'La fiesta del Chivo' de Mario Vargas Llosa». Así lo sostuvo el antiguo revolucionario y comandante sandinista, narrador, periodista, abogado, político y ganador del Premio Cervantes 2017. Fue en la Biblioteca Nacional, a cuatro días de recoger el máximo galardón de las letras hispanas de manos del rey Felipe VI en Alcalá de Henares.

Celebró Ramírez en la casa de los libros el magisterio perenne de Cervantes y la pervivencia de su legado, del que hablará en su discurso de agradecimiento en el centenario paraninfo de la Universidad de Alcalá el próximo lunes. «Cervantes nos enseñó a escribir a todos y sigo aprendiendo de él», aseguró antes de cambiar de registro para afirmar que el cambio político en Cuba es puro maquillaje.

«Cuando dicen que la novela ha muerto, cuando se habla de metanovelas y novelas autorreferenciales como grandes inventos de la actualidad, pienso en Cervantes como el gran creador de la novela posmoderna y del género de los géneros que los contiene a todo», aseguró Ramírez. Lector voraz y contumaz de Miguel de Cervantes, su afán fue y es «descubrir las reglas de la totalidad cervantina; desarmar y armar cada capítulo del 'Quijote' para ver cómo está hecho». «Mi aspiración desde que lo leí por primera vez es ver sus andamios para comprender cómo se sostiene», confesó.

Volvió luego a referirse a esa «contaminación» que impregna la literatura latinoamericana en la que el dictador cambia de ropaje y oficio. «Hoy el caudillismo político tiene expresiones no políticas. Ha resucitado y está en el narcotráfico y en fenómenos globales como el de la corrupción, que van parar a las aguas de la novela, porque son temas son hoy parte de la realidad cotidiana», dijo.

«Aunque los autores no tienen la obligación de escribir sobre las migraciones forzosas, las fronteras con Estados Unidos, las pandillas juveniles o el narcotráfico, son temas que afectan a las sociedades de los países centroamericanos y por eso forman parte de la literatura actual», agregó Ramírez, que estuvo acompañado en su comparecencia por el director de la Real Academia Española. Un Darío Villanueva que glosó la trayectoria literaria del último Premio Cervantes, a quien conectó con Ruben Darío, Vargas Llosa y lo mejor del 'boom', y de una obra que evidencia su vinculación con la tradición cervantina «en sus novelas, cuentos, ensayos, artículos, crítica y textos testimoniales».

Ideales vivos

Apartado de la primera línea política desde hace mucho, el antiguo guerrillero que pasó de las armas a las letras mantiene vivo su afán de mejorar el mundo. «Con 16 años mis ideales políticos se parecían a los literarios. Quería cambiar el mundo con los libros, lo mismo que con la acción política», explicó Ramírez, que abrazó la revolución para revertir una realidad ignominiosa. «La dictadura dinástica de los Somoza era una indignidad y me comprometí para derrocarla, como ocurriría el 1979», aclaró. «Llevo 23 años fuera de la política, pero mis ideales humanistas de vivir en un mundo y en un país distinto perviven», dijo quien fuera miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional de Nicaragua tras el triunfo de la Revolución Sandinista, vicepresidente del país entre 1985 y 1990 y aspirante sin éxito a la presidencia del país en 1995. Fue el vicepresidente de Daniel Ortega, hoy de nuevo al frente del país y enemigo declarado de Ramírez. El escritor sigue esperando la felicitación del Ejecutivo nicaragüense, que tiene a Ramírez por un traidor.

Primer escritor centroamericano galardonado con el Cervantes, en su discurso del lunes, arropado por tres de sus hijos y ocho nietos, también se referirá al legado de su compatriota Rubén Darío. «Me pone nervioso que me digan que soy el heredero de Rubén Darío, a quien tengo en un plano inalcanzable», aseguró. «Es el padre y maestro mágico. Su renovación de la lengua española fue tan profunda que sólo alcanza las que abordaron Garcilaso y Cervantes, que nos enseñó a escribir a todos y de quién sigo aprendiendo», reiteró. De ellos habla en Alcalá como «guías para fijar lo que siento como escritor».

En Cuba, todo sigue igual

Lejos de abrirse una nueva época en Cuba con el relevo de Raúl Castro por Miguel Díaz-Canel, cree Ramírez que se cumple la máxima lampedeusiana de que las cosas han de cambiar para que todo siga igual. «Todos sabemos que el Gobierno de Cuba es un asunto subalterno de una estructura política que sigue intacta», dijo Ramírez. «En Cuba persiste el gobierno del partido político oficial, el de los Castro. Estas estructuras siguen intactas yo hay cambios por el momento», es el diagnóstico del autor de 'Adiós muchachos', 'Margarita está linda la mar' y la reciente 'Ya nadie llora por mi'.

También está más que desencantado de la alianza política que conectó a Nicaragua y Venezuela. «Existió un proyecto político prometedor, el de la Alianza Bolivariana -ALBA-, con mucho dinero de por medio, más de 8.000 millones de dólares, una cantidad capaz de transformar un país, pero es una alianza absolutamente fracasada de la que sólo quedan escombros», aseguró.

Sergio Ramírez es uno de los puntales de la literatura hispana actual, una posición que ha afianzado con obras como 'Tiempo de fulgor' (1970), '¿Te dio miedo la sangre?' (1977), 'Castigo divino' (1988), 'Un baile de máscaras' (1995), o 'Margarita, está linda la mar' (1998), premio Alfaguara y la más conocida por sus lectores españoles.

Aspira a que «los reflectores» que le iluminarán con la recepción del Cervantes, además de fijarse sobre él, «alumbren a la legión de escritores centroamericanos» cuya «pujanza y frescura», elogia. «Hay muchísimos autores jóvenes que practican una literatura distinta en el fondo y en la forma, de carácter experimental y que buscan nuevos horizontes», precisó admitiendo que «regresan a esa anormalidad de la que hablaba y de la que no podemos escapar».

Ganador de otros grandes premios en las dos orillas del Atlámtico, obtuvo el Laure Bataillon en Francia (1998), el José Donoso en Chile, (2011), el Carlos Fuentes en México, (2014) o el de la Feria Internacional del Libro de Panamá (2017). Ramírez es miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, y académico correspondiente de la RAE y de las academias de de Puerto Rico y Panamá.

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