Octubre rojo literario

Octubre rojo literario

La tercera ola de publicaciones sobre la Revolución Rusa coincide con el centenario de la toma del poder de los bolcheviques

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En la Europa Occidental ya había llegado noviembre, pero Rusia, que no se rige por el calendario gregoriano, sino por el juliano, todavía pasaba las hojas del calendario de octubre cuando los bolcheviques derribaron el Gobierno provisional moderado establecido en febrero y se alzaron con el poder en la Rusia revolucionaria de 1917. Fue el golpe definitivo, que se consolidaría y que llevaría a Lenin al poder, dando pie al embrión de la URSS y al estado comunista que se sostuvo hasta 1991.

La literatura sobre la Revolución Rusa ha despuntado este 2017 para conmemorar el centenario en tres olas: la primera, a principios de año; la segunda, en febrero; y la tercera, en otoño, cuando afloran en las estanterías unos libros que, en general, analizan momentos concretos y detalles colaterales de la revuelta.

En esta línea, el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid Carlos Taibo publica en Catarata 'Anarquismo y revolución en Rusia. 1917-1921', donde contempla el papel de los grupos libertarios. «Los anarquistas jugaron un papel decisivo como estímulo de la capacidad independiente de los soviets», explica Taibo; «muchos se sumaron a la Revolución de octubre porque quería derribar el gobierno provisional, al que consideraban capitalista, pero pronto se dieron cuenta de que los bolcheviques no estaban por la labor de dar el poder a los soviets, así que al final, igual que muchos otros grupos libertarios, fueron reprimidos». Cree Taibo que el levantamiento dio origen a un régimen que «marcó poderosamente el siglo XX, como se vio tras la Segunda Guerra Mundial y la confrontación entre bloques, pero a la vez, no alumbró un régimen alternativo que fuera capaz de dejar atrás el universo del capitalismo». «Es más», opina Taibo, «cabe hablar de una reproducción de algunos de los vicios del capitalismo, como la burocracia o el trabajo asalariado».

También en Catarata publica Maite Largo 'La Revolución Rusa. La fábrica de una nueva sociedad', donde pone el foco en el papel en las contradicciones de la sociedad que alumbró el hecho histórico de 1917. «Por un lado, había una nobleza cosmopolita que viajaba al extranjero, conocía otro tipo de sociedades y cuando volvía a casa, reclamaba cambios. Frente a ellos estaba la Rusia tradicional, los campesinos. A estos rusos son a los que pretenden adoctrinar Lenin y los bolcheviques cuando toman el poder en octubre: quieren convertirlos en 'hombres máquinas', disciplinados y uniformizados; una sociedad militarizada y mecanizada sometida a los designios de la industrialización en la que las mujeres debían jugar un papel importante», explica Largo, catedrática de Geografía e Historia, que también pone el foco en la pintura, la música y el periodismo de la Rusia de la época. «Seguían las pulsiones de la vanguardia, pero con la llegada de los bolcheviques, se pasaron al hiperrealismo, que en esto se parecen al fascismo, y fueron utilizados para la propaganda».

A juicio de Largo, la visión de la Revolución Rusa está cambiando en los últimos años. «Si desde la caída del régimen soviético, en 1991, y la apertura de la documentación de la época, la crítica a la revolución era total, desde 2008, con la crisis económica en Occidente, se ha girado por una parte de los analistas a una visión positiva», sostiene la autora.

Sobre esta premisa también pivota 'Nueva historia de la Revolución Rusa' (Taurus), de Sean McMeekin, profesor de la universidad turca de Bilkent, que estudia el papel de Alemania, Suiza y Suecia en la financiación del levantamiento y que sostiene que la revolución surgió «por una mezcla de demagogia política, furia popular e incompetencia del Gobierno ruso».

Dentro de la historia

La literatura de la Revolución Rusa de este octubre también está destacando por la recuperación de textos clásicos, que ofrecen una visión desde dentro de los acontecimientos. Aquí aparecen 'Diez días que sacudieron el mundo', de John Reed y publicado por Capitán Swing, igual que 'Historia de la Revolución Rusa', la crónica de Leon Trotski. Penguin Clásicos saca 'Llamando a las puertas de la Revolución', de Karl Marx, y 'La conquista del pan', de Piotr Kropotkin, que apareció en 1892 y sirvió de inspiración a los grupos anarquistas. Alianza Editorial, por su parte, recupera 'Regreso de la URSS', del Nobel francés André Gide, que viajó en 1936 al país comunista para ver los resultados de la revolución, pero que plasmó a la vuelta su desolación por lo que vio.

2017 ha sido un año muy fructífero en las librerías para los amantes de la Revolución Rusa. Entre las decenas de libros que han aparecido destacan 'La Revolución Rusa', de Richard Pipes (Debate); 'La venganza de los siervos', de Julián Casanova (Crítica); 'La Revolución Rusa contada para escépticos', de Juan Eslava Galán (Planeta); 'El siglo de la revolución', de Josep Fontana (Crítica); 'El tren de Lenin', de Catherine Merridale (Crítica); o 'Breve historia de la Revolución Rusa', de Mira Milosevich (Galaxia Gutenberg).

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