Un heterodoxo memorialismo

La prosa de Halfón, Marías, Landero y Molina Foix y la poesía de Miren Agur y Adam Zagajewski merecen un hueco bajo el árbol. También se lo han ganado, para disfrute de los oídos, los nuevos discos de Jonas Kaufmann, Juan Diego Flórez o The XX

I.E.

Ubicada en el ciclo de las novelas que Vicente Molina Foix llama «documentales», 'El joven sin alma' es una ficción autobiográfica en la que el escritor ilicitano se desdobla en narrador y en personaje para rememorar diferentes momentos de su adolescencia y su juventud, especialmente en la década de los 60 en la que se dejó caer por una Barcelona intelectual y políticamente inquieta para pasar a formar parte de 'La coqueluche', el grupo de autores que representa el sector contracultural frente al culturalista. El grupo de «los seis» que protagoniza la parte más jugosa del libro, está formado por Ana María Moix, Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, Guillermo Carnero, un Terenci Moix que se sumaría a la pandilla aunque no compartiera todos los intereses líricos de ésta, y el propio Molina Foix, que en 1969 aún era un autor inédito. Con esos personajes reales y otros muchos que conforman un fresco de la vida cultural y contestataria que latía bajo la España oficial del franquismo, el texto se adentra en un memorialismo heterodoxo y fabulador que linda con la novela de formación. El 'Joven sin alma' es el propio autor que cultivaba en aquellos años un divertido distanciamiento frente al romanticismo y las ganas de suicidarse por amor de sus colegas de generación.

'Bitsa eskuetan', Premio de la Crítica traducido ahora por su autora, deja el mundo interior a la vista: «A la menstruación, ese acrónimo del pasado,/ se le suma la tristeza de un hijo adolescente./ Canta el cisne su canto más sentido/ en el atardecer de las hormonas». El poemario emociona, recorre el arte de perder, el desamor y el duelo con ironía sabia: «Yo, que soy siempre poeta, de vez en cuando jueza, a menudo apóstol, y a veces euskal geisha».

«Acerca de mi madre no sabría decir nada, / cómo repetía vas a lamentarlo/ cuando ya no esté, y yo no creía/ ni en ya ni en no esté». En los versos limpios y melancólicos de Zagajewski, una poesía de lo concreto convierte lo cotidiano en sublime. Capaz de interpelar al mundo tratándole de tú: «Devolvedme mi infancia», se explica con hondura, sin arrogancia: «y en los sueños son libres como nadadores/ en el Atlántico de la eternidad». Poesía de ideas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos