La Rioja

Elena Fortún y Carmen Laforet, madre e hija por gracia de la literatura

La escritora catalana Carmen Laforet.
La escritora catalana Carmen Laforet. / Efe
  • La Fundación Banco Santander edita en un volumen la correspondencia privada de la creadora de Celia y la autora de 'Nada' entre 1947 y 1952

Dos de las grandes escritoras españolas del siglo XX mantuvieron una relación epistolar que hasta ahora no había salido a la luz. Carmen Laforet, autora de ‘Nada’, y Elena Fortún, la creadora de la inolvidable Celia, se escribieron durante cinco años, entre 1947 y 1952. Esas cartas, que ahora publica la Fundación Banco Santander, son un tesoro que permite ahondar en las ilusiones, los anhelos, las tristezas, la cotidianeidad, de dos genios de la literatura que lucharon por romper las barreras de la difícil época que les tocó vivir.

Fue Carmen la que dio el primer paso y se lanzó a escribir a Elena. De niña, Carmen Laforet (1921-2004) se embelesaba con las historias de Celia en la revista Blanco y Negro, y cuando siendo todavía una jovenzuela sacude el mundo de la literatura nacional llevándose en 1944 el Premio Nadal, comienza a pensar en que quiere compartir sus inquietudes vitales con la autora del personaje con el que tanto se identificaba. La primera carta, que está perdida, data de 1946. Pero a partir de la ahí, la correspondencia se hace un hábito que engancha a las dos escritoras.

“En una ocasión, mi madre le escribe a Elena: ‘No solo existe un parentesco de sangre, también lo hay de espíritu’”, explica Cristina Cerezales, una de las hijas de Carmen Laforet. “Elena se convierte en la madre literaria de Carmen Laforet”, corrobora la profesora universitaria Nuria Capdevila-Argüelles, autora de uno de uno de los prólogos del libro.

En el intercambio epistolar se aprecia cómo Elena Fortún se desvive por pedir a “su Carmen” (“su princesa escandinava”, la llama en una ocasión) que sea feliz, alegre. “Quiere que Carmen disfrute de la familia y de la literatura”, cuenta Capdevila. Las dos escritoras tenían siempre sobre ellas la sombra de la desdicha. En el caso de Carmen Laforet, cierto aislamiento del exterior, que sin embargo, según cuenta su hija, se transformaba dentro de casa en una alegría contagiosa. “Siempre recuerdo su carcajada”, cuenta Cristina Cerezales. A Elena, por su parte, la relación con Carmen le llega en el momento final de su vida, cuando la enfermedad la está consumiendo poco a poco y su marido acaba de suicidarse. “Las cartas hablan del dolor y del amor, de la búsqueda de la alegría y de la gracia”, agrega Cerezales.

“El intercambio entre Carmen y Elena está llena de generosidad, libertad, inocencia, entrega, dudas, admiración, sensibilidad, angustia. Pero sobre todo, de amor”, insiste Francisco Javier Expósito, responsable de la Colección Obra Fundamental de la Fundación Santander y editor de este volumen.

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