«Cada libro es una tabla de salvación»

La escritora Elvira Valgañón, fotografiada en el café Bretón de  Logroño. :: justo rodríguez/
La escritora Elvira Valgañón, fotografiada en el café Bretón de Logroño. :: justo rodríguez

Con 'Invierno', una suerte de cuento de hadas que retrata la España interior, Elvira Valgañón se reivindica como una voz renovadora de la ficción

JORGE ALACID LOGROÑO.

Todos los libros son libros de fantasmas. Toda la literatura es un cuento de hadas. Todas las historias son historias de autoayuda. Los principios rectores del arte de contar inundan de magia las páginas con las que la escritora Elvira Valgañón (Logroño, 1977) destila sus propios fantasmas, sus hadas particulares. Lo hace saboreando el éxito que le ha procurado 'Invierno', la segunda novela que entrega a la imprenta, publicada el año pasado por el sello Pepitas de Calabaza.

Mientras indaga en sus páginas en el misterio de la España interior, Valgañón levanta un mundo de fantasía, paradójicamente muy carnal y que alumbra su propia experiencia como lectora. «El deseo de escribir parte de leer. En el origen de todo, en el principio de todo, está la lectura», asegura. «Creo que cuando se lee, se disfruta como siempre hemos disfrutado desde niños cuando nos contaban historias. Y de ese disfrute quería hacer partícipe a los demás. Que alguien leyera mis propias historias y disfrutase igual que yo», plantea. «Y, por supuesto, todos escribimos también para que nos quieran», apostilla la narradora.

Admite Valgañón que el detonante de su novela, además de su pretensión de recrear aquella atmósfera tan propia de la literatura infantil -«esos cuentos que oíamos desde que éramos niños y que nos ofrecen referencias que manejamos durante toda la vida aunque a veces no somos conscientes»-, nace para devolver la atención hacia esa clase de espacio áspero, etéreo, de la España rural, donde el tiempo parece detenido. «Me ha llamado la atención cómo los lectores reaccionan ante una historia de ficción, inventada, encontrando en las páginas del libro sus realidades, su propio entorno», señala. «Yo me inventé un pueblo, pero luego cada lector ha visto en él su propio pueblo, y eso me resulta curioso y bonito, a la vez», apunta.

La novela tiene a un espantapájaros como protagonista y narrador de una «cruda» historia

Voz singular

Uno de los hallazgos más notables de 'Invierno' es su singular voz. El tono Valgañón, una voz narradora tomada del personaje central: un espantapájaros, pertinente metáfora de los habitantes de ese territorio donde las vidas discurren a la intemperie. Un desafío que la autora justifica pensando de nuevo en el lector. Quiere que quienes la lean «se pongan en la piel del espantapájaros, para que la trama avance así a través de un personaje que no puede hablar, pero que consigue el milagro de ser quien vaya contando la historia», explica. Una historia cruda «que puede parecer amable pero no lo es. Es de una crudeza insinuada, como la de un invierno inclemente», advierte Valgañón. «Buscaba un tono muy concreto -prosigue- que fuera un relato medio plácido que de repente le hace algún daño al lector».

Dañar y también curar. Porque la escritora riojana milita entre esa escudería de autores, trapecistas a la vez que novelistas, para quienes «cada libro es una tabla de salvación». «Incluso los que nos gustan menos, todos nos ayudan, nos salvan de alguna manera», sostiene. Un sentimiento profundo que, en su caso, se mezcla con otras convicciones igualmente íntimas. La idea del eterno retorno, por ejemplo. «A la literatura se regresa porque siempre vuelves a lo que has leído», resume cuando se le pregunta por el enigma que rodea cada proceso creativo. «Cada ejercicio de escritura es de regreso, pero también de creación de algo nuevo. Un camino que se abre y que a mí, cuando comienzo a escribir, no sé hacia dónde me va a llevar», dice. «Siempre hay un elemento de sorpresa», concluye.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos