Katharina, la víctima número 45 de la violencia machista

El lugar del asesinato. :: efe/
El lugar del asesinato. :: efe

Un alemán que se suicidó tras verse acorralado viajó desde su país a Vinaroz y asesinó de un tiro en la sien a su exnovia tras intentar secuestrarla

ARTURO CHECA VALENCIA.

Un alemán de 40 años mató ayer en Vinaroz (Castellón) de un disparo en la sien a su expareja, de la misma nacionalidad, que se convirtió en la víctima número 45 de la violencia machista en España en lo que va de año.

Aún no había ni amanecido cuando Marcel saltó el muro de color crema del chalé situado en el número cuatro de la calle Canya de Vinaroz. Ni un alma en las calles de la urbanización El Triador, una pequeña Alemania convertida en zona de segundas residencias al norte del municipio castellonense. Hasta aquí vino huyendo tres meses antes Katharina, dispuesta a iniciar una nueva vida lejos de Marcel. Su exnovio. Pero su verdugo la siguió hasta Castellón con una intención muy funesta.

Antes de poner un pie en el refugio de Katharina en Vinaroz, Marcel, su asesino, condujo durante casi un día entero al volante de su ranchera Volkswagen Golf con apenas kilómetros. En la ruta masticó su sanguinario plan. Entre sus posesiones, una pistola del calibre 9 milímetros, un rollo de cinta americana y un bidón de gasolina en el maletero del turismo. Fuentes de la investigación indicaron a este periódico sus sospechas de que la intención del homicida era inmovilizar a su exnovia, de 31 años, y raptarla. Quizás darle un final aún más horrendo con el bidón de gasolina. Una vez más, síntomas evidentes del animal instinto de posesión de los criminales machistas.

Poco después de las siete de la mañana, Marcel, de 40 años, aparcó su Volkswagen plateado en la calle del Barranco Triador, un camino de tierra que sirve de acceso al chalé escenario del crimen. El número 4 de la calle Canya está formado por una parcela de más de 500 metros cuadrados integrada por tres viviendas con una piscina y un gran patio compartidos. Todo propiedad de los padres de Katharina, un matrimonio de alemanes que residen desde hace unas dos décadas en Benicarló, conocidos empresarios de la zona y responsables del restaurante 4 Camins de Vinaroz. Uno de los chalés lo ocupaba la joven asesinada, acompañada de sus mascotas: dos gatos. El otro, su hermana con su marido y su hijo de un año. El tercer chalé lo solían ocupar los cabezas de familia, aunque ayer por la mañana estaban en Benicarló.

El muro de algo más de dos metros de altura no fue un obstáculo para Marcel y su ánimo sanguinario. Los investigadores creen que el ciudadano alemán anduvo a oscuras por el amplio patio de la propiedad hasta dar con la casa de la víctima, la situada más al fondo de la parcela.

Qué pasó exactamente después tiene muchos puntos oscuros. Los dos únicos testigos de los hechos están hoy muertos.

Cuatro disparos

Todo apunta a que la joven abrió la puerta de la vivienda tras llamar Marcel. Al ver de quién se trataba, Katharina trató de cerrar la cancela metálica exterior. Gritaron, discutieron y Marcel colocó un pie en el quicio de la verja para que esta no se cerrara del todo. Y entonces desenfundó su pistola. Un sólo disparo prácticamente a cañón tocante alcanzó en la sien a la joven, que cayó fulminada. El homicida apretó el gatillo al menos otras tres veces. Un disparo quedó alojado en la puerta del chalé y otros dos en el suelo.

El tiroteo y los gritos de auxilio de Katharina antes de desplomarse alarmaron a su hermana en la vivienda contigua. La mujer fue quien alertó a la Guardia Civil de Vinaroz en torno a las 7:20 horas. Y la respuesta de la Benemérita no pudo ser más rápida. Una patrulla que andaba de vigilancia por la urbanización El Triador se presentó en apenas unos minutos. Lo que inicialmente parecía un simple aviso de una pelea doméstica se transformó en una intervención de riesgo al advertir la hermana que el sujeto «iba armado y ha habido tiros», como explicó la mujer.

Los agentes desenfundaron sus pistolas y saltaron el muro del chalé. A pecho descubierto, sin chaleco antibalas al no estar dotados de uno, pese a las continuas denuncias al respecto de los sindicatos policiales. Pero no hubo intercambio de disparos. Cuando Marcel se vio acorralado tuvo la reacción más cobarde: se descerrajó un tiro en la cabeza y cayó boca abajo encima de su pistola.

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