José Luis Perales: «Tener tiempo libre es lo más triste del mundo»

Perales posa tras una entrevista. /San Bernardo
Perales posa tras una entrevista. / San Bernardo

Cantante, compositor, escritor, alfarero y hortelano, publica la segunda novela de la trilogía que ambienta 'su' Macondo alcarreño

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Perales, don José Luis, (Castejón, Cuenca, 1945) vuelve la novela con 'La hija del alfarero' (Plaza & Janés). La publica casi medio siglo después de grabar las primeras de sus 500 canciones. Es la segunda de la trilogía que inició con 'La melodía del tiempo', sobre la gentes y parajes de su infancia. Transcurre en El Espejuelo, un pueblito de «mi Macondo alcarreño». Con más de 50 millones de discos vendidos y un centenar de oro y platino, asegura «que hacer una canción es más difícil que una novela. Alfarero, hortelano, escultor y joyero además de escritor, está orgulloso de no tener tiempo libre. Abuelo con alma 'indie' niega que su canciones sean cursis.

     -¿Sigue ligado a Castejón donde hasta los 14 años oyó al calor de la lumbre las historias que novela?

     -Sí. Soy muy de pueblo. Estoy muy unido e integrado en el pueblo done vivieron y murieron mis padres. Es mi territorio literario y me acaban de nombrar hijo predilecto.

     -Escribir una novela ¿es más difícil que una canción?

     -No. Ahora lo más fácil y atractivo para mí es la novela. Hacer una canción que no te recuerde a ninguna anterior es más difícil. Tras casi 50 años de canciones, en la novela me sentía virgen.

     -¿Novelas de género neorrural?

     -Quizá. La idea es hacer una trilogía del mundo en el que nací, crecí y que conozco muy bien. Tengo mucho que contar de la época de mi infancia, de un modo de vida casi olvidado que recuerdo con cariño. De cómo se trasformó una sociedad que dejó de ser primitiva y desigual, con un abismo entre ricos y pobres y una vida durísima para el campesino.

     -¿Es mejor compositor, escritor o alfarero?

     -Mi oficio y mi gran vocación ha sido escribir canciones. Y es lo que hago mejor. Empecé en la alfarería por Manuela, mi mujer, que lo dejó. Me aficioné al barro, pero los botijos me salen fatal. Soy un desastre con el torno. Modelo mucho mejor. Hago porcelana y escultura. También he hecho joyas. Y soy un hortelano feliz. Aprendiz de todo y maestro de nada.

     -A punto de cumplir 73, ¿se ve de gira a los 90 como su admirado Aznavour?

     -Ni me canso ni me siento mal de facultades. Si mantengo la calidad, la ternura, y la comunicación del Aznavour, puede. Pero quizá me muera antes. Y no me asusta.

     -García Márquez dijo que «daría cualquier cosa por resumir una historia en tres minutos como una canción de Perales». Y oía discos en casa.

     -Ya era Nobel. Es el mayor elogio recibido en mi vida. Sus libros me guían. Mis novelas son 'macondianas'. Aunque a Gabo le parecerían un arte menor y no creo que le gustaran.

     -¿Dónde tiene su Macondo?.

     -Vallehondo, en La Alcarria. Aunque los personajes no son de allí.

     -La inspiración, ¿le pilla le siempre trabajando como a Picasso?

     -Sí, no puedo parar quieto.

     -¿A qué dedica el tiempo libre?

     -La cosa más triste del mundo es tener tiempo libre. Ni lo tengo, ni lo quiero, ni conozco el aburrimiento. Compongo, escribo, modelo, esculpo, cultivo, viajo.... Me siento feliz de estar ocupado siempre. Soy muy nervioso. Parezco muy calmado, pero por dentro soy un hervidero.

     -¿Cuántas canciones ha escrito?

     -Cerca de 500. Quizá 300 para mí y 200 para otros artistas.

     -Componer para otros, ¿es hacer de negro con dignidad?

     -Y con orgullo. Te tienes que travestir. Tengo una capacidad especial para desdoblarme en el personaje para el que escribo. Para meterme en su piel. He sido Lola Flores, Raphael, Isabel Pantoja, Jeanette, Julio Iglesias, Rocío Jurado, Miguel Bosé.... Me ceñía a su estilo y a su imagen. No puedo hacer una canción sin meterme en los zapatos del otro, en su pellejo.

     -¿Le duele oír que sus canciones son cursis o ñoñas?

     -Me parece una gilipollez.

     -Grupos como Elefantes, Love of Lesbian o Sidonie, le vesionan ¿Perales 'indie'?

     -De alguna manera, sí. Se puede ser abuelo y tener espíritu 'indie'. Los jóvenes me demuestran que les gusto. Me hace sentirme más joven y conectado con ellos. Que gente de 20 años disfrute y defienda tus canciones es otro éxito. Les pregunto qué hacen en mis conciertos viendo al abuelo y me dicen que no soy un abuelo.

     -¿Por qué canción daría un brazo?

     -Quizá por 'La Bohème' de Aznavour.

     -Vender discos está crudo ¿Querría vender tantos libros como discos?

     -Desde luego. Lo de los discos es terrible. Y más ahora que todo está en las plataformas y en la maldita nube. Las discográficas pagan miserias y no apuestan por los artistas. Se acabó aquel lujo de las grandes y carísimas producciones. Ahora mis disco me los pago yo.

     -¿Alguna tentación de tirar la toalla?

     -Nunca. La vocación fue y es el motor de mi carrera. Sin ella no puedes aguantar los carros y carretas de esta profesión tantos años. La tensión, la soledad y la dureza del viaje, el cansancio, los sinsabores que conviven con el éxito. El viaje ha merecido la pena.

     -¿Disco a la vista?

     -No. Promociono la novela y 'El autor', la película de Manuel Marín Cuenca con mi primera banda sonora. Volveré luego a 'El refugio' donde he escrito casi todas mis canciones y a mi huerto. He tenido un éxito loco con los tomates y los calabacines. Cultivo también pepinos, berenjenas blancas, acelgas, pimientos, guindillas y boniatos.

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