Interceptan veinte mil unidades de huevo líquido infectado con fipronil en Vizcaya

Un hombre limpia unos huevos con un paño en una granja europea. / AFP

El insecticida, que no resulta grave ni siquiera en grandes dosis, fue detectado en un camión proveniente de Francia y el género no llegó a la cadena de alimentación

JESÚS J. HERNÁNDEZ BILBAO.

El Gobierno vasco recibió en la tarde del pasado viernes el aviso de la entrada de una partida de 22.000 unidades de huevo líquido contaminado con fipronil. Había llegado en un camión procedente de Francia a una empresa vizcaína «dedicada a elaborar productos para la cadena de distribución alimentaria», pero el género se inmovilizó antes incluso de que fuera desembalado. El fipronil, un potente insecticida que se utiliza para combatir los ácaros en animales, es una sustancia legal pero su uso está prohibido en Europa dentro de la cadena alimentaria.

La detección fue posible gracias al Sistema Europeo de Alerta Rápida para alimentos y Piensos (RASFF), que detectó el envío y se lo comunicó a las autoridades españolas. El Ministerio alertó inmediatamente al Ejecutivo autonómico y este envió a sus inspectores. Los técnicos de Salud trabajaron durante toda la noche para controlar la partida contaminada y evitar que entrara en ningún proceso de fabricación de productos, «eliminando cualquier tipo de riesgo para la salud pública». En los próximos días procederán a su eliminación, según confirmó el área que dirige Jon Darpón, y mantendrán «activados todos los dispositivos de vigilancia». Las mismas fuentes descartan que pueda haber más partidas infectadas.

Aunque se trata de la primera remesa contaminada que entra en la Península, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), dependiente del Ministerio de Sanidad, subrayó ayer que «España sigue sin estar afectada por la distribución de huevos contaminados con fipronil». A diferencia de otros países, este problema de salud pública no ha llegado aquí a las estanterías de los supermercados. Aecosan reiteró que «los sistemas de control permiten la localización y la retirada de los productos implicados» y «estamos en contacto con las autoridades de las comunidades autónomas».

Lo cierto es que el sistema de alerta rápida (RASFF) hizo honor a su nombre cuando advirtió en junio la presencia de fipronil en algunos huevos en Bélgica, desde donde se distribuyeron a Alemania, Países Bajos, Austria, Reino Unido, Irlanda, Italia, Rumanía, Luxemburgo y Eslovaquia, entre otros países. Recientemente ha llegado a Suecia y Suiza. En Holanda ha supuesto el bloqueo de la actividad en unas 200 granjas y ha vaciado las estanterías de los supermercados. En total, hay casi una veintena de países europeos afectados. Incluso ha aterrizado en Hong Kong a través de una exportación intercontinental. Todos los análisis realizados hasta ahora hablan de cifras «diez veces por debajo de los valores de riesgo para el consumo».

Los expertos sitúan el origen de esta crisis alimentaria de orden global en 'Chick Friends', una granja holandesa que se cree que pudo importar este insecticida desde Rumanía a través de una empresa radicada en Amberes (Bélgica). El objetivo que buscaban no era otro que mejorar la eficacia antiparasitaria en las gallinas ponedoras, una meta en la que pudieron emplear mezclas con otras sustancias sí permitidas en la legislación europea.

«Cien huevos»

Es importante recalcar que las probabilidades de que el fipronil provoque problemas de salud es remota, según la propia Organización Mundial de la Salud, que cataloga esta sustancia como «moderadamente peligrosa» para el ser humano. En todo caso, sus consecuencias suelen ser leves. Los médicos creen que sólo podría acarrear complicaciones más serias ingiriendo cantidades muy elevadas de una vez o miles de huevos infectados a lo largo de los años. Manejan cifras inimaginables para un ser humano. Para introducir a nuestro cuerpo 100 miligramos del insecticida por kilo corporal, habría que devorar cien huevos de una sentada. En las intoxicaciones leves puede haber vómitos, mareos o dolores de cabeza. Los facultativos recalcan que un consumo esporádico no representa un peligro ni siquiera para niños, ancianos y mujeres embarazadas.

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