INOCENCIA REBELDE

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Una primera película es siempre un hecho esperanzador. No obstante, cuando se han tenido muchos encontronazos con 'óperas primas', la esperanza aparece nimbada por un halo de inquietud, porque las frustraciones han sido numerosas. Hay tanto cineasta voluntarioso, que parece preferible acercarse a la obra primeriza con cautela, por si una vez más sobrevive la decepción. No es el caso de 'Verano 1993', espléndida primera película con carácter autobiográfico de Carla Simón, protagonizada por Frida, una niña de seis años, desconcertada tras la muerte de su madre viuda.

Se trata de una chiquilla inteligente, desconfiada y solitaria, dispuesta a hacer valer el hermético universo infantil que ha logrado crear en su nuevo hogar. En ese sentido, nuestra heroína deberá aprender a amar a sus nuevos padres -sus tíos- y a cuantos la rodean, tras superar el dolor por una pérdida irreparable. Pero, de alguna forma, para la pequeña Frida la muerte de su madre es como si durmiera un sueño sagrado. Lo cual da paso a una película de profunda raigambre lírica, de exquisito encaje de emociones y sentimientos, no exenta, como es natural, de una suave tristeza.

Carla Simón demuestra con 'Verano 1993' que es también una excelente narradora, al crear atmósferas, situaciones y personajes auténticos y creíbles. Por si fuera poco, es encomiable el enfoque que da al tema principal del filme: la pérdida de la inocencia ante la realidad incontestable de la muerte. Un ambiguo espejo de la vida y la muerte, la vigilia y el sueño, lo real y lo imaginario, que va ganando en intensidad poética a medida que se acerca el final. Se trata de un crisol de sucesos que su autora va dejando a lo largo de la historia, como Pulgarcito sus piedras en el camino. En fin, uno no sabe cómo recibirá el gran público esta delicada película, pero apuesto decididamente por esta clase de cine; es decir, por el cine.

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