La incómoda rosácea

La patología dermatológica tiene una gran repercusión en la imagen de la persona afectada. :: l.r.
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La patología dermatológica tiene una gran repercusión en la imagen de la persona afectada. :: l.r.

Es potencialmente reincidente y progresiva, por lo que el diagnóstico precoz y el mantenimiento de la terapia es muy importante Se trata de una enfermedad de la piel crónica y benigna que afecta a la piel de la cara

MIGUEL AIZPÚN

logroño. La rosácea es una enfermedad de la piel crónica y benigna que afecta a la piel de la cara, y ahí reside también, por su repercusión en la imagen de la persona afectada, por lo que ha alcanzado una popularidad superior a otras afecciones dermatológicas.

En esta circunstancia ha influido tanto la importancia que la sociedad actual concede a la imagen física como el hecho de que personajes muy conocidos (Al Capone, Rembrandt, San Juan de la Cruz) hayan sufrido o sufran esta enfermedad.

Evidentemente, la rosácea no aporta, precisamente, ningún favor estético. Sus manifestaciones principales son la aparición de eritema (rojez) y telangectasias (venitas rojas), que aparecen, preferentemente, en la cara. En una segunda fase, aparecen pápulas y pústulas y, más tarde, pueden apreciarse nódulos. En una fase más tardía se produce una deformidad nasal conocida como rinofima.

Puede empeorar con el café, alcohol, picantes, mariscos y comidas calientes o copiosas La mayoría de los pacientes llegan a la consulta cuando la enfermedad está ya en fase avanzada

El prototipo de paciente que padece rosácea: suelen ser personas de 30 a 50 años de piel y cabello claros. Se da tres veces más en mujeres que en varones, pero cuando estos la padecen suele ser más intensa.

La rosácea es potencialmente reincidente y progresiva; por ello un diagnóstico precoz junto al mantenimiento de la terapia es muy importante. Resulta fundamental acudir rápidamente al dermatólogo para obtener un diagnóstico precoz y aplicar un tratamiento adecuado. Algo que, desgraciadamente, no ocurre en la práctica, ya que la mayoría de los pacientes llegan a la consulta del especialista cuando la enfermedad se encuentra ya en fase avanzada.

Resulta frecuente comprobar cómo algunos pacientes han utilizado corticoides que, aunque, al principio, reducen la inflamación, empeoran y agravan la rosácea, además de generar una dinámica de dependencia.

El origen de esta enfermedad es considerado multifactorial, en el que los diversos elementos implicados podrían tener una importancia muy variable de unos casos a otros. Algunos autores han planteado incluso la posibilidad de que la rosácea no sea en realidad una enfermedad, sino un síndrome o patrón reaccional. Entre los factores causales que intervienen podríamos considerar: factores genéticos, vasculares, psicológicos, físicos, inmunológicos, etc.

La rosácea puede empeorar con algunos alimentos como el café, el alcohol, los picantes, mariscos, bebidas con gas y comidas muy calientes o copiosas. Se aconseja evitar el tabaco.

Influye también el estrés y los cambios bruscos de temperatura, así como la exposición solar prolongada (se debe tomar el sol con mucha precaución y fotoprotección 50+). Se debe hacer un diagnóstico diferencial con el acné, la dermatitis seborreica, la dermatitis perioral, etc.

El cutis rosaciforme sufre súbitos enrojecimientos con el paso del calor al frío o viceversa. Presenta intolerancia al sol y se aconseja a estos pacientes el uso de fotoprotectores oil free, que le recomendará su dermatólogo.

El estrés empeora la rosácea y la piel presenta intolerancia a numerosos cosméticos, aconsejándose usar un pan dermatológico para la higiene de la piel de la cara. Usar hidratantes y maquillaje oil free, muy fluidos, bajo control dermatológico.

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