«Incluso a pesar de la censura, Azcona supo retratar aquella España frustrada»

Santiago Aguilar. :: l.r.
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Santiago Aguilar. :: l.r.

Pepitas recopila artículos escritos por Azcona para publicaciones distintas a La Codorniz, «un trabajo de subsistencia, pero ya con su humor y su estilo» Santiago Aguilar Cineasta

J. SAINZ LOGROÑO.

«En demasiadas ocasiones sucede que, al ser presentado a la gente, la gente, al enterarse de que yo nací en Logroño, casi se muere de risa...». Es el comienzo de 'Logroño', un artículo de Rafael Azcona publicado en Pueblo en julio de 1955, incluido ahora en una nueva antología de textos escritos para distintas publicaciones en sus primeros años en Madrid por el que sería el mejor guionista del cine español. 'Viaje a una sala de fiestas y otros escritos dispersos (1952-1959)', editado por Pepitas de calabaza, contiene en alguno de esos artículos, según afirma en el prólogo el cineasta Santiago Aguilar, «el germen de novelas y guiones como 'Los muertos no se tocan, nene', 'El pisito' o 'El cochecito' y de otros proyectos truncados por la censura».

El sábado 24 se cumplen diez años de la muerte de Rafael Azcona (Logroño, 1926-Madrid, 2008) y la editorial, que ya ha publicado la trilogía 'Todo Azcona en La Codorniz', aprovecha para continuar en su empeño de encontrar y reunir todos los textos del genial escritor riojano. En esta ocasión, explica Aguilar, se trata de artículos «que yacían olvidados desde hace sesenta años en las páginas de diarios del Movimiento, revistas femeninas de Acción Católica y lujosas publicaciones de decoración».

-Sorprende que después de la antología de Azcona en La Codorniz aún queden textos por recopilar.

-Aquí hemos logrado reunir la mitad de sus trabajos periodísticos fuera de La Codorniz. Fueron publicados en su día en cinco medios muy diferentes: el diario sindicalista Pueblo, el falangista Arriba, el suplemento literario Codal, la revista de decoración Arte-Hogar y la de Acción Católica Cumbres.

-¿Qué hacía ahí el joven Azcona?

-Es trabajo de subsistencia, pero ya con su humor y su estilo. Aquí está el Azcona que se tenía que ganar la vida escribiendo sin cesar. Y él era un escritor infatigable.

«A cambio de escribir una serie de comentarios a partir de las fotografías realizadas en las casas de la aristocracia española -cuenta Aguilar en el prólogo-, recibía unas pesetas mensuales y, de paso, tenía derecho a asistir a los opíparos aperitivos que los editores organizaban mensualmente para los colaboradores y la selecta sociedad que les había abierto las puertas de sus hogares».

-¿Recuperar esto tiene valor propio o solo por tratarse de Azcona?

-Hay páginas espléndidas, de las mejores de Azcona. Y en estos artículos está el germen de muchas de las películas que escribió con Berlanga y que no llegaron a puerto por culpa de las trabas oficiales de la censura.

«Quienes defienden el valor que pudo tener la censura durante el franquismo como espolique de la imaginación no tienen más remedio que obviar las bajas colaterales, los cientos de criaturas nonatas o nacidas con malformaciones congénitas, a las que esta práctica perversa dio lugar».

-Diez años después de su muerte, ¿qué queda por decir de Azcona?

-Recordar que ha sido el mejor guionista de cine nacido en España. Quizás tuvo la suerte de estar en el momento oportuno, para él fue capaz de retratar aquella sociedad española tan frustrada incluso a pesar de la censura.

El libro será presentado el 4 de abril en la Filmoteca Rafael Azcona, de Logroño, donde se proyectará 'El pisito' (Marco Ferreri, 1959), su primera película.

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