Un iceberg del tamaño de La Rioja se desprende de la Antártida

Vista aérea de la grieta de la barrera de hielo Larsen C en noviembre pasado. :: nASA
Vista aérea de la grieta de la barrera de hielo Larsen C en noviembre pasado. :: nASA

El enorme bloque de hielo mide 5.800 kilómetros cuadrados y contiene la misma cantidad de agua que el lago Ontario

LUIS ALFONSO GÁMEZ BILBAO.

Un iceberg de un billón (un millón de millones) de toneladas flota en el mar de Weddell, en el océano Antártico. Bautizado como A68, se ha desprendido de la barrera de hielo Larsen C, en la costa oriental de la península Antártica. Mide unos 5.800 kilómetros cuadrados -la superficie de la comunidad de La Rioja- y se separó de la plataforma helada entre el lunes y el miércoles, informaron ayer los científicos del proyecto Midas, un programa de la universidad galesa de Swansea que estudia los efectos del cambio climático en el continente helado. La fractura del iceberg, uno de los diez más grandes conocidos, fue confirmada el martes por el satélite 'Aqua' de la NASA.

La fisura de Larsen C, plataforma de hielo que flota sobre el océano, nació hace varios años, pero permaneció prácticamente estable hasta que en enero de 2016 empezó a crecer. Desde entonces, su evolución ha sido controlada por la constelación de satélites 'Sentinel' de la Agencia Espacial Europea. En enero pasado, explicaba ayer la ESA, creció 20 kilómetros y, tras varios meses de parón, otros 16 en mayo. A finales de junio siguió creciendo y, lo que es más importante, si hasta entonces había seguido un curso paralelo a la costa del mar de Weddell, giró a la derecha, con lo que el desgajamiento parecía inminente.

«Hemos estado anticipando el desgajamiento durante meses y nos ha sorprendido cuánto tiempo han tardado en abrirse los últimos kilómetros de la grieta. Vamos a seguir monitoreando tanto el impacto de esta fractura en la plataforma Larsen C como el destino de este enorme iceberg», indicaba ayer Adrian Luckman, de la Universidad de Swansea e investigador principal de Midas. «Este iceberg es uno de los más grandes registrados y su futura evolución es difícil de predecir. Puede permanecer en una sola pieza, pero es más probable que se rompa en fragmentos. Parte del hielo puede permanecer en el área durante décadas, mientras que otros fragmentos pueden derivar hacia el Norte, hacia aguas más cálidas».

Freno de los glaciares

La pérdida de A68 supone una reducción de más del 12% en la plataforma helada Larsen C -cuya superficie es de unos 50.000 kilómetros cuadrados- y ha cambiado para siempre el paisaje de esa región de la Antártida. Aunque la barrera de hielo volverá a crecer, los científicos creen que a partir de ahora será menos estable y podría seguir los pasos de Larsen B, que se desintegró casi totalmente en febrero de 2002 tras sufrir en 1995 una fractura similar. «Aunque es algo natural, y no somos conscientes de ninguna conexión con el cambio climático provocado por el hombre, esto coloca a la plataforma en una posición muy vulnerable», advertía ayer el glaciólogo Martin O'Leary, investigador del proyecto.

A pesar de su gran tamaño -contiene la misma cantidad de agua que el lago Ontario-, el nuevo iceberg no tendrá ningún efecto directo en el nivel del mar porque la plataforma de hielo Larsen C, que tiene un grosor de entre 200 y 600 metros, ya flota sobre el océano al borde de la península Antártica. Al igual que un cubito de hielo que se derrite en un combinado no hace que suba el nivel de líquido en el vaso, un iceberg que se desprende de una masa de hielo ya flotante no hace que aumente el nivel del mar.

Sin embargo, Larsen C hace de freno a los glaciares antárticos en su descenso hacia el océano. Por eso su desaparición podría acelerar el flujo de esos glaciares desde tierra firme hacia el mar de Wedding -como ya ocurrió en los casos de Larsen A y B- y entonces sí se produciría un aporte extra de agua al océano. «¿Se debilitará la plataforma? ¿Colpasará como sus vecinas Larsen A y B? ¿Acelerarán los glaciares su descenso y contribuirán al aumento del nivel del mal? ¿O estamos ante un desgajamiento normal?», se preguntaba ayer Kelly Brunt, glacióloga del Centro de Vuelos espaciales Goddard de la NASA y la Universidad de Maryland.

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