Homenaje a un gran reformador

La Institución Libre de Enseñanza reedita 'Minuta de un testamento', de Gumersindo de Azcárate, para reivindicar la figura y la obra de este intelectual

ALFONSO TORICES

madrid. Jurista, filósofo, político, historiador, escritor, catedrático, académico... Gumersindo de Azcárate (León, 1840-Madrid, 1917) fue uno de los grandes intelectuales de comienzos del siglo XX. «Fue una de las piezas fundamentales para la construcción de la modernidad en España» y uno de los pensadores y reformadores «que más contribuyó a cambiar la sociedad de su tiempo», asegura José García-Velasco, presidente de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), la organización que revolucionó la educación española el siglo pasado y que De Azcárate fundó junto a Giner de los Ríos y a Nicolás Salmerón, entre otros, en 1876.

Cuando se cumplen cien años de su muerte, la ILE, junto a la Fundación Sierra-Pambley, con la ayuda de otras organizaciones privadas, han reeditado una de las obras principales del intelectual leonés, 'Minuta de un testamento', con el objetivo de reivindicar su figura y la «vigencia» de su legado intelectual y moral. Este ensayo, publicado por primera vez en 1876, fue escrito por el pensador en el destierro que el Gobierno impuso a este grupo de profesores universitarios por defender hasta las últimas consecuencias la libertad de cátedra. Juega con la fórmula de un supuesto testamento que el autor -anónimo- dice haber encontrado, pero en realidad no es más que el vehículo formal que utiliza De Azcárate para reflejar su «cosmovisión» y la del movimiento de intelectuales con los que se relaciona.

«Constituye un magnífico testimonio del modo de pensar y la sensibilidad de los fundadores de la ILE y, a pesar de los años transcurridos, su contenido continúa de plena actualidad», asevera García-Velasco. Ahí están la defensa de la libertad de pensamiento y de culto, la reivindicación de la tolerancia, del pluralismo y del poder regenerador de la educación, del Estado laico y democrático, del reformismo político con honda preocupación social, y, de forma especial, García-Velasco ve presente «una defensa a ultranza de la ética en la política, del rechazo al clientelismo, al caciquismo y a la corrupción». Para una ocasión tan especial, la reedición cuenta con un estudio de Gonzalo Capellán de Miguel, un especialista en el autor, y con las reseñas que hicieron del texto intelectuales como Joaquín Costa o 'Clarín' en la prensa de la época.

Ley contra la usura

De Azcárate fue un pionero y un modernizador incansable, como dejó claro en sus tres décadas como diputado nacional y dirigente de los partidos republicano y reformista y en los múltiples cargos que desempeñó. Además del trabajo en la Universidad de Madrid y en el ILE, fue el impulsor y presidente del Instituto de Reformas Sociales, desde el que surgió la primera legislación contra accidentes de trabajo, para el descanso dominical y por el derecho a la huelga, así como reguladora del trabajo de mujeres y niños.

Su ley contra la usura de 1908, todavía vigente y conocida como 'ley Azcárate', puso coto a los intereses y préstamos abusivos. Fue uno de los promotores de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que financió la especialización en el extranjero de miles de licenciados que luego volvían a ejercer en España, a donde traían sus conocimientos.

También fue el impulsor en 1887, junto a De los Ríos y al empresario que le dio nombre y recursos, de la Fundación Sierra-Pambley, que contribuyó a minimizar el analfabetismo en León y a poner en pie la primera formación profesional.

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