HISTORIA VIVA DE LA TELEVISION

DIEGO CARCEDO

Las nuevas generaciones identifican a José María Íñigo con el Festival de Eurovisión y razones no les faltan. Estaba tan integrado en la internacionalidad del programa que muchas veces superaba en popularidad a los protagonistas. Pero Iñigo era algo más, mucho más que el comentarista que nos narraba con un lenguaje culto y sencillo al tiempo la evolución del concurso y su entorno musical y hasta geográfico. Desde muy joven, ya en su Bilbao natal y vocacional, mostró la doble vocación por la música y el periodismo y nadie mejor que él consiguió unir ambas actividades y sacarle al conjunto tanto partido comunicacional.

Esta dualidad, unida a su capacidad para adelantarse a los tiempos e innovar con iniciativas tan brillantes como a menudo polémicas, convierten su memoria en un capítulo imprescindible de la agitada historia de la televisión y la radio en España. Un capítulo que Íñigo no consiguió cerrar este fin de semana, con su intervención habitual, siempre amena y relajante, en el programa 'No es un día cualquiera' en Radio Nacional. Fue su recuerdo emocionado, lamentando que ya no podríamos volver a escucharle en directo, con el que Pepa Fernández mantuvo vivo su protagonista.

La aportación de José María Íñigo a la cultura musical actual es incalculable. A lo largo de los últimos cincuenta años fue quien más contribuyó a la difusión de la evolución de todos los géneros y de manera muy especial del pop y el rock. Son los aficionados quienes mejor atestiguan que era el gran maestro que nos ponía al día de lo último y quien lo hacía con más anticipación y sentido divulgativo y cuando procedía, crítico. Tanto para los profesionales de la música como para sus seguidores ha sido siempre una referencia prestigiosa y muy estimulante tanto para los creadores como para los intérpretes.

Fue un gran descubridor de talentos y un excelente acicate para que muchos alcanzasen el éxito. Pero no fue sólo el periodismo musical el que convierte a Íñigo en una verdadera leyenda de la televisión en España y en uno de los pioneros que en tiempos muy complicados sentó bases para el cambio de unos contenidos anquilosados por otros fundamentados en la viveza novedosa del directo. El programa 'Estudio Abierto', a caballo entre el tardofranquismo y la transición democrática, fue un revulsivo tanto para los programadores como para la audiencia.

Ver en directo a personajes como la mítica Rita Hayworth, por poner un ejemplo, se convertía cada semana en un verdadero acontecimiento. Íñigo unía a la acertada selección de los personajes a con su buena imagen, con el bigote que nunca abandonaría, con su voz suave y agradable y su habilidad para preguntar y encauzar las conversaciones más delicadas. Sus obras completas son ilimitadas. Quizás la que más se ha perpetuado fue la entrevista con el prestidigitador Uri Geller, cuya imagen doblando cucharas se convirtió en un verdadero acontecimiento del que cuarenta años después se sigue hablando.

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