Historia de las palabras no dichas

Profesores realizan ejercicios fonéticos con alumnos sordos en dos imágenes que se exponen en la Biblioteca Nacional. :: r. c.
Profesores realizan ejercicios fonéticos con alumnos sordos en dos imágenes que se exponen en la Biblioteca Nacional. :: r. c.

La Biblioteca Nacional recuerda en una exposición los 500 años de la lengua de signos

Á. SOTO MADRID.

La lucha por los derechos de los sordos le debe mucho al Licenciado Lasso, un corregidor de la villa de Pancorbo (Burgos) que en 1550 publicó el 'Tratado legal sobre los mudos', donde defendía los derechos sucesorios del segundo hijo del Marqués de Berlanga, de modo que pudiese heredar un mayorazgo a pesar de su discapacidad. Y es que hasta que el noble y el licenciado levantaron la voz, la historia no había sido generosa con las personas que no podían oír o hablar.

La Biblia, textos clásicos de la antigua Roma, el Código Justiniano del siglo VI, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, del siglo XIII... Los documentos históricos en los que aparecen referencias a los sordos se remontan en el tiempo y, sin embargo, todos ellos muestran una discriminación patente hacia este colectivo, al que tradicionalmente se le ha llamado 'mudo', o 'sordomudo', palabras que ellos rechazan porque mudo es el que carece de la facultad del lenguaje, que no puede hablar, que emite sonidos pero no palabras. De hecho, desde los años 60 del siglo pasado, los expertos han ido desterrando su uso.

El monje benedictino Pedro Ponce de León (1506-1584) alfabetizó y desmutizó a dos alumnos sordos, los sobrinos del IV condestable de Castilla, Pedro de Velasco, mediante un método práctico que muchos consideran la primera lengua de signos. Desde entonces, los sordos sí pueden comunicarse, como deja claro la exposición 'Manos con voz propia. Quinientos años de lengua de signos', que ayer se presentó en la Biblioteca Nacional y que a través de 40 piezas recorre la lucha por la igualdad de este grupo. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 1 de octubre, conmemora también el décimo aniversario de la ley que reconoce la lengua de signos española (LSE) y la lengua de signos catalana, aprobadas ambas en 2007.

Carlos IV y Godoy, influidos por Goya, fundaron en 1795 la primera escuela para sordos de España

«Hay que documentar el valor de las lenguas de signos para que ocupen el lugar que merecen en nuestra sociedad. Gracias a estas lenguas, muchos sordos han podido tener vidas felices y formar familias», afirmó la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos.

Documentos y aportaciones

Documentos como la 'Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos', de Juan Pablo Bonet, en el siglo XVI, o la 'Carta del abate Don Juan Andrés sobre el origen y las vicisitudes del arte de enseñar a hablar a los mudos sordos', de 1794, son dos de las piezas recuperadas del archivo de la Biblioteca Nacional para esta muestra, que se complementa con aportaciones de instituciones como el Museo del Prado y de las asociaciones de sordos, como diccionarios, cartas o fotografías.

«El lenguaje de signos es un patrimonio que compartimos todos, seamos sordos o no. Queremos que nuestro lenguaje deje con la boca abierta a la sociedad, que se enriquezca con ello», aseguró la presidenta de la Confederación Estatal de Personas Sordas, Concha Díaz.

Comisariada por Inés Antón, la muestra consta de tres secciones: 'Para enseñar a hablar a los sordomudos. Alfabetos manuales y otros sistemas', 'Centros educativos especiales' y 'Novedades pedagógicas, bilingüismo y la LSE como lengua materna'.

En España, la primera escuela especial para sordos se fundó en 1795 por decreto del rey Carlos IV. El propio Godoy, influido por un sordo universal, Francisco de Goya, se encargó de buscar el emplazamiento, en las Escuelas Pías del barrio de Lavapiés, en Madrid, para este centro. Conocido a partir de 1802 como Colegio de Sordomudos, su existencia fue muy complicada y llena de penurias económicas.

El objetivo de la educación de los sordos en el siglo XIX era «hacer de un ser racional inútil un ser útil». Con palabras menos gruesas, preparar a las personas sordas para desempeñar un empleo digno. Los historiadores recuerdan que se les enseñaba oficios como los de ebanista, tallista o joyero, zapatero, sastre, encuadernador o jardinero. Hoy en día, las reclamaciones de los sordos son otras: mejorar la accesibilidad, potenciar la lengua de signos y mejorar el empleo, la formación y la educación bilingüe para conseguir la igualdad de oportunidades.

Fotos

Vídeos