HÉROES

CARLOS SANTAMARÍA - ANECDOTARIO

É l no iba a hacerlo. Tenía decidido que se quedaría de brazos cruzados. A su alrededor una multitud de hombres componía la terrible coreografía del saludo nazi en masa: los brazos derechos alzados, las manos rectas, extendidas, pero él siguió de brazos cruzados. Era Hamburgo en 1936, y aquel fue «el hombre que no hizo el saludo nazi», la fotografía pasó a la Historia como símbolo heroico de resistencia. El hombre se llamaba August Landmesser. Conocemos su nombre, pero eso es tanto como nada, porque nunca le oímos hablar y su rostro no está en los libros junto a los de Mandela, Gandhi, Schindler o Rosa Parks.

La historia de la humanidad está zurcida con los actos de gente valerosa, relatos emocionantes de personas que entregaron su existencia a causas nobles y lograron cosas excepcionales, pero a menudo los héroes son personas sencillas cuyos nombres nunca trascendieron. Eric Gibson dijo que el anonimato es la mejor forma de altruismo, por eso nunca hay que dejar de reconocer el compromiso de todos esos desconocidos que quedaron enterrados en el olvido, cubiertos bajo la arena fría y silenciosa de una playa de Francia o entre las piedras secas de cualquier cuneta española.

Porque hay hombres y mujeres anónimos que en el momento preciso deciden hacer lo que el resto nunca haríamos. Tipos con nombres corrientes, nombres que cualquier día podrías leer en los buzones del portal de casa; Sergio Fariña protegió a los clientes de su restaurante en Londres del ataque de los yihadistas, Pablo Raez se moría de leucemia y supo sonreirle a la enfermedad para salvar otras vidas. Gente normal capaz de algo extraordinario como Ignacio Echeverría, que fue a defender a una chica de las cuchilladas de un terrorista a golpe de monopatín. Cuando todo el mundo huía, Ignacio se dio la vuelta y decidió correr en la dirección contraria. Eso es lo que hacen los héroes: rebelarse, ir al contrario, sujetar el propio miedo y darse la vuelta aunque les cueste la vida. Igual que aquel joven de 29 años que cada día iba en tren a trabajar, un chico con novia que tocaba la batería en el grupo 'Póker'. Un chaval que era concejal en su pueblo y que se llamaba Miguel Ángel.

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