HERIDO ROCA REY

BARQUERITO - CRÍTICA DE TOROS

Con cinco minutos de retraso el paseíllo comenzaba la corrida de ayer. De ella, extraordinario el quinto y de franciscano estilo el segundo, uno de los famosos bombones de Jandilla. Los dos del lote de Cayetano, que se estrenaba en Pamplona una década después de la alternativa. Era el torero del cartel. Más que Roca Rey, que aquí mismo arrolló hace un año y de aquí salió disparado. Más que Perera, que ha dado en Pamplona tardes notables. Ni una palma al asomar Cayetano por la puerta de cuadrillas. Ese fue el precio de la demora. Luego, todo el cariño imaginable y más. Tanto que, después de cumplir dos vueltas al ruedo clamorosas, una en cada toro, y oreja en mano las dos, se vio a Cayetano sinceramente emocionado. Se sentiría más querido que en ninguna otra plaza donde haya puesto nunca los pies. Querido, atendido y respetado.

En papel de coprotagonista Roca Rey, que se hizo en plaza en cuanto hubo el menor hueco y salió ya a saludar al tercer jandilla capote a la espalda hasta plantarse en los medios.

El último jandilla, jabonero de 600 kilos, estrecho de sienes, fue toro pronto. Roca Rey pretendió cambiarlo con un solo puyazo. Le corrigió bien el palco. Un quite más atrevido que ajustado por saltilleras, una lidia en banderillas manifiestamente mejorable y una faena que pecó, como la anterior, por precipitada y, sobre todo, por el poco gobierno del toro, que Roca, desarmado cuando quiso imponerse, no llegó a tener en la mano. Indiscutibles la firmeza y el desparpajo. Pero eso no bastó. El toro se empezó a violentar y casi descomponerse cuando Roca se encajó desafiante entre pitones. Un cuerpo a cuerpo. La igualada en la suerte contraria y, en la reunión con la espada, un suceso rarísimo. El estoque se partió en dos. Una mitad dentro, y la otra, la de la empuñadura, por el aire. Cayó al suelo el torero y el toro lo buscó, lo encontró y lo hirió. Una cornada menos grave de lo que pudo haber sido. Era la tarde de la reaparición tras el percance de Badajoz hace casi tres semanas. Le llevaron a la enfermería la oreja jabonera. No pudo salir a hombros, que sería su sueño a la hora de la siesta.

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